¡A mamarla, a mamarla, sinvergüenza! El diputado de Podemos Miguel Ángel Bustamante prueba su propia medicina tras ser denunciado por agredir a su pareja
AD.- La terrible situación de España, un país arruinado, plagado de injusticias, con sus valores hecho trizas y lleno de ciudadanos asqueados de sus políticos y asustados ante el futuro, no es producto de la casualidad, sino del mal gobierno y del fracaso de una casta política que se ha ganado un sitio de honor entre las más deleznables del planeta.
Comparada con la crisis moral de España, las crisis política y económica son leves y ridículas. El verdadero drama de España es la degradación del país, que se ha convertido en líder de todo lo indecente. Y lo peor de todo es que los ciudadanos, también degradados en su mayoría, no perciben esa tragedia. Somos campeones europeos y, a veces, también mundiales en tráfico y consumo de drogas, en prostitución y trata de blancas, en mala educación, en escasa calidad de la enseñanza y fracaso escolar, en blanqueo de dinero, en avance de la corrupción, en crecimiento del foso que separa a ricos de pobres, en pagar impuestos desorbitados y recibir casi nada a cambio, en coches oficiales para disfrute exclusivo de políticos, en manipulación y lentitud de la justicia, en falta de independencia y verdad en los medios de comunicación, en casi nulo control de los partidos políticos, cuyo poder es incontrolable, en degradación de la democracia, en desprecio a los políticos, señalados en las encuestas como el tercer gran problema del país, en hundimiento de los valores, en despilfarro, en endeudamiento masivo, en utilización de la mentira y el engaño desde el Estado y en decenas de canalladas y vicios más, incluyendo la caída del esfuerzo, el auge de la envidia, la disgregación de los pueblos de España y el avance de la vagancia.
Nuestros políticos han construido un presente nauseabundo, que muchos consideran peor y más injusto que el paad franquista.
De vez en cuando, sin embargo, la justicia poética se digna hacer acto de presencia. El ya ex diputado de Podemos, Miguel Ángel Bustamante, fue denunciado por agredir presuntamente a su mujer, por lo que tuvo este lunes que renunciar a su escaño en el Congreso. Lo comunicó en un mensaje en el que reitera su “inocencia” y en el que tacha de “falsas” esas acusaciones.
Lo primero que nos pide el cuerpo es espetarle un “jódete” en grado superlativo. Sostiene Bustamante que es inocente, y es posible que sea cierto. Pero eso no atenúa ni un palmo así su responsabilidad, como la del resto de los políticos de la casta. Así que a joderse y a soportar como un hombre, y no como una plañidera, el mismo mal que por vuestra culpa han tenido que sufrir miles de hombres encarcelados sin más, por una denuncia de una mujer desalmada, cabreada o enfadada, que conoce bien cómo utilizar este ‘arma’ legal contra su pareja. ¿O acaso este caradura podemita aspira a tener las exenciones que el resto de hombres falsamente denunciados no han tenido? ¡A mamarla, a mamarla, sinvergüenza!
No hay nada justicia poética mayor que hacerle probar a un canalla su propia medicina. Si a los políticos de la casta se les devolviera solo un diez por ciento del daño que infringen a los ciudadanos con sus arbitrarias medidas, esta democracia corrompida sería un espacio sin duda más decente. ¿Cuándo se rindió el Estado ante ETA? Cuando ETA puso en su punto de mira a los políticos.
Lo que tiene que hacer Bustamante es empezar pidiendo perdón a todos los hombres que han sido víctimas de la implementación de normas que él ha estado apoyando, sin que al caso pareciera importarle la situación idéntica a la suya que han sufrido decenas de miles de varones españoles antes que él. Hay una realidad que los políticos esconden, y es que cada año se suicidan unos 4000 hombres. Son hombres desesperados a los que la Ley de Violencia de Género encarcela, a quienes se les impide ver a sus hijos y a los que se les estigmatiza de por vida. La Ley de Violencia de Género produce casos de malversación de fondos públicos, ya que hay casos en los que se mantienen las ayudas a la mujer maltratada pese al sobreseimiento del caso denunciado, mientras que se dan otros casos de víctimas de agresiones que no tienen derecho a nada. Esto es un auténtico negocio. No estamos consiguiendo dar una solución real al problema del maltrato, ya que siguen muriendo mujeres. Y también hombres.
El articulo 14 de nuestra Constitución Española afirma que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Por consiguiente, los “inventores” de esta Ley, al crear un Juzgado de violencia contra la mujer y no contra el hombre, están violando clara y descaradamente este derecho constitucional. Ningún partido ha defendido la exigencia de responsabilidades con carácter retroactivo a los que crearon y apoyaron esa norma, que está provocando que miles de hombres entren en prisión, o que sean detenidos sin más, como si fueran delincuentes, por el solo hecho de que una mujer interponga una denuncia.
El III Plan Estratégico para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres 2022-2025 prevé una inversión de 21.319 millones de euros, un 4,4% del presupuesto no financiero del Estado frente al 1,1% del plan anterior, cuya vigencia acabó en 2016, durante el periodo comprendido entre 2014 y 2018, el presupuesto fue de unos 3.900 millones de euros. Estas cifras revelan la dimensión del ‘chiringuito’ creado a partir de esta injusta y terrible Ley de Violencia de Género. Es indignante y deleznable lo que esta Ley está haciendo con los hombres.
Zapatero se definió, tras ganar las elecciones de 2004, como “feminista radical”. La Ley Integral de Violencia de Género de ese año despoja del derecho a la presunción de inocencia a la mitad de la población española: la masculina, a la que en la práctica se permite detener sin más prueba que la declaración de la supuesta víctima de malos tratos. Por no incidir en que se conculca el artículo 14 de la Constitución, pues considera determinadas acciones como delito si las cometen los hombres, y como falta, si las cometen las mujeres. Así arranca Diego de los Santos su libro «Las mujeres que no amaban a los hombres» (Almuzara), manual de consulta de infinidad de hombres que han sufrido denuncias falsas por parte de sus ex parejas.
Y qué decir de los pobres niños que se quedan huérfanos y que además son manipulados para que acaben rechazando a su padre, con las mentiras que astutamente suelen utilizar las mujeres sin alma y sin compasión. Es imperativo que esta injusta Ley desaparezca de forma inmediata, y que se indemnice a las víctimas que la han tenido que sufrir. Debería ser también imperativo someter al más severo correctivo a los políticos causantes de tanto dolor. La cobardía incurable de los españoles nos hace descartar esta opción. Al menos la justicia divina, de cuando en cuando se apiada de los españoles y nos sale al quite con un acto de desagravio, que en el caso de Bustamante, esperemos que no se quede solo en un aparatoso rasgamiento de vestiduras.
De la situación que le tiene ahora como víctima, sólo él es responsable.












El que vive de la ignominia de los demás acaba probando su propia medicina.
A ver si hay suerte y en un deskuido le okupan su casa.
Administrador: Esto no es un foro de perroflautas.
Tiene cara de agresor. A la carcel.
Y si es inocente, mejor, asi tiene tiempo de aprender lo que es la presuncion de inocencia.
Fantástico artículo, nada que añadir, está todo dicho. Una cosa es pretender erradicar la violencia doméstica, que entiendo es loable, otra cosa distinta es tratar de utilizar una Ley para atacar y vejar a unos ciudadanos por su condición de varones, que es lo que lamentablemente está ocurriendo. La culpa no es de los Juzgados, es de quien hace las Leyes.
Que se joda, seguro que este podemonguer va por la vida de feministo, a cascarla maltratador, porque eres un maltratador hasta que demuestres tu inocencia o se archive el caso en el juzgado feminazi de turno.