La emergencia climática amenaza a los pueblos indígenas
Si el cambio climático es un asunto que deberían atender todas las comunidades alrededor del mundo, queda claro que muchas veces no son precisamente aquellas que producen este fenómeno, las que más sufren el calentamiento global y sus consecuencias.
Lo cierto es que, mientras algunas de las grandes potencias manifiestan tibiamente su adhesión a distintas medidas que tienen como finalidad paliar la gravedad del cambio climático, ya podemos observar cómo algunos grupos de personas están siendo duramente castigados por su avance.
En efecto, la emergencia climática amenaza a los pueblos indígenas probablemente más que a cualquier otro colectivo en todo el planeta, y ese es un motivo para replantearnos qué hacemos, y qué respuestas podemos darle a aquellos que han hecho del contacto y el cuidado con la naturaleza un verdadero culto, una forma de entender la existencia.
Pero si los modelos económicos actuales siguen poniendo el dinero por encima de todas las cosas, está claro que no habrá demandas ni reclamos de las juventudes indígenas que logren detener la inevitable desaparición de muchas de estas tribus, consideradas prioritarias de aquí a 2030.
En efecto, los pueblos indígenas son vistos como uno de los primeros refugiados climáticos, dado que sus entornos están siendo arrasados por grandes multinacionales con la anuencia de los diferentes Gobiernos, que desprecian su cultura y esa profunda relación con el entorno.
Tomados como ciudadanos de segundo nivel en la mayoría de los países donde aún resisten, y a pesar de los desplazamientos a los que son sometidos, hace décadas que el ser humano predominante ha iniciado una cacería de los pueblos indígenas.
Y si esta situación era evidente hace tiempo, y las denuncias se multiplicaban con el correr de los años por la exhibición de esos atropellos, ahora es directamente el calentamiento global el que amenaza con borrar del mapa a los indígenas, junto con sus tradiciones y creencias.
Una buena muestra de todo esto que estamos diciendo es que tales pueblos, a pesar de que ocupan apenas una cuarta parte de la superficie terrestre, preservan cerca del 80% de la biodiversidad del planeta, dejando en claro el papel preponderante que juegan en la conservación de los hábitats.
El principal problema es que sus ecosistemas y asentamientos suelen hallarse en sitios de alto riesgo, como las costas, las montañas, los desiertos, y otros puntos donde la naturaleza no ha ofrecido tantas comodidades para el meteórico desarrollo de los espacios urbanos.
Ante la evidencia de lo irrefutable, es imperioso tomar decisiones, escuchar a quienes trabajan la tierra con sus manos y comprenden las necesidades del planeta antes de que sea tarde, y el efecto devastador del cambio climático sean padecidos por todos y no sólo por las comunidades indígenas.
Así, la próxima vez que nos preguntemos qué es emergencia climática, podremos respondernos que es lo que sufren los cientos de pueblos indígenas que ven cómo sus recursos son depredados por el ansia de poder y dinero, al tipo que algunos de nosotros aún miramos hacia otra parte.











