El sindicato Solidaridad retrata a la «mafia» de CCOO y UGT ante la huelga «contra la oposición» del 11-N: «Temen quedarse sin las subvenciones y sin los privilegios»
El sindicato Solidaridad ha recordado la pérdida de poder adquisitivo, las congelaciones salariales durante la pandemia y un encarecimiento descontrolado de la vivienda (47%), la cesta de la compra (41%) y la energía (56%) que han sufrido los españoles con Pedro Sánchez en La Moncloa. Sin embargo —apostilla—, CCOO y UGT no convocaron ninguna huelga general mientras se agrandaban estos problemas.
«La movilización del 11-N llega precisamente después del anuncio de elecciones generales y de la disolución de las Cortes. La crisis de la vivienda y los bajos salarios no han comenzado ahora, por lo que resulta legítimo preguntarse por qué han esperado hasta el inicio del periodo electoral para salir a la calle«, ha aseverado Solidaridad.
«El duopolio sindical sigue, además, la hoja de ruta marcada por el autodenominado Sindicato de Inquilinas, una organización con intereses propios —incluso inmobiliarios— que no es un sindicato laboral representativo. Las dos centrales han aceptado su exigencia de trasladar la protesta a los centros de trabajo, convirtiendo a los trabajadores en instrumento de una movilización de evidente contenido político al servicio del PSOE y de su agenda electoral», dice.
En este sentido, manifiestan que los dos grandes sindicatos subvencionados «son los que alientan la invasión de España por parte de una inmigración masiva, descontrolada y sin espacio en el mercado laboral«. «Efecto llamada con regularizaciones masivas, fronteras inexistentes y más carnaza para explotar, siendo el Gobierno socialista el que se las sirve».
«Las consecuencias las conocen: la degradación del salario real medio; la saturación de los servicios públicos pagados con nuestros impuestos; el aumento de demanda en el mercado inmobiliario haciendo inaccesible la vivienda; y la inseguridad en los barrios más humildes, donde las familias trabajadoras se ven obligadas a compartir espacio con masas de individuos que ni quieren integrarse, ni vienen a trabajar, ni a contribuir (los datos del paro y de percepción de ayudas o viviendas sociales entre extranjeros es siempre más elevado que entre nacionales). La mafia sindical deseando más mano de obra barata a la que tomar el pelo y con la que sustituir a los trabajadores de España, pero tampoco convocaron una huelga general».
En este sentido, reitera que su discurso sobre la vivienda tampoco resiste el contraste con la realidad. «Pedro Sánchez prometió un millón de nuevas viviendas sociales, no las hizo, y nunca se manifestaron por ello. Y ahora, la mafia sindical, con un patrimonio inmobiliario propio y el uso gratuito de edificios y locales de titularidad pública, van a tomar la voz cantante de todas las personas que no pueden acceder a un techo. A ello se suma el precedente de PSV, la cooperativa de viviendas vinculada al entorno de UGT, que asignó vivienda social deliberadamente a dirigentes del sindicato, a dedo y usando recursos públicos».
«Todo apunta a que CCOO y UGT temen perder influencia institucional, privilegios y financiación pública ante un posible cambio político. Su preocupación no parece ser quedarse sin casa, sino quedarse sin las subvenciones que sostienen su estructura y sus generosos privilegios«, ha aseverado.
«Antes de pedir a los trabajadores que pierdan un día de salario, deberían publicar el inventario completo de sus inmuebles, detallar todos los espacios públicos que utilizan y explicar cuánto dinero público han recibido durante los gobiernos de Pedro Sánchez y todas las administraciones públicas en manos del PSOE, Sumar, Podemos, Comuns, partidos separatistas y, también y de forma inexplicable, del PP», ha agregado Solidaridad, antes de reiterar que «sólo un verdadero cambio puede traer crecimiento, prosperidad y aumento del poder adquisitivo de los trabajadores de España, justo todo lo contrario a lo que la mafia sindical y la mafia que gobierna pretenden».
«Esta huelga no responde a una repentina defensa de los trabajadores, sino a una estrategia electoral de la izquierda para reconstruir un frente popular, trasladar la campaña a las calles y movilizar el descontento contra un posible cambio político. Pero lo que no cuentan es que los trabajadores de España ya han tomado la medida de estos vividores», ha concluido.











