A Sánchez solo le importa su desahucio
Eduardo de Rivas.- Los españoles llevaban reclamando elecciones desde noviembre de 2023 y ya están aquí. Supongo que no esperarían que fueran a llegar cuando le viniera bien al país, sino en el mejor momento para Pedro Sánchez. O en el menos malo, en uno que, si no le permite seguir en Moncloa, al menos le conceda una derrota digna con la que erigirse en líder de la oposición y única alternativa ante la malvada ultraderecha que destrozará los avances progresistas de su Gobierno.
Después de ocho años de sanchismo, hemos aprendido que nada ocurre por casualidad, que cualquier detalle tiene siempre explicación, aunque a veces no sepamos cuál es. Y, en ocasiones, es turbia. No se entendió la expulsión de Ábalos hasta años después, ni tampoco el adelanto electoral de verano, cuando todas las encuestas vaticinaban su descalabro. Con el tiempo, todo tuvo explicación. Por eso ahora resulta raro que Sánchez renuncie a diez meses de presidencia para llevarnos a votar el 29 de noviembre. Hay alguna razón y solo él la conoce.
El sainete que han montado a costa de la crisis de la vivienda puede tener mucho que ver. Ahora resulta que el artículo 47 de la Constitución es el más importante, después de ocho años en los que el único que les preocupaba era el 62, el de los indultos. Era el que les permitía seguir en Moncloa y hasta perdonar a García Ortiz antes de marcharse. Pero, de repente, es vital detener los desahucios a raíz de que a una señora de 87 años la desalojaran de una casa que tenía alquilada. Los más de 270.000 desahucios de estos ocho años previos habían pasado desapercibidos, pero este tenía algo diferente, porque la maquinaria propagandística de Moncloa vio en él una posibilidad de dar la vuelta las encuestas y llamar a las urnas.
No tardó Sánchez en poner en marcha el plan. Aprobó un decreto que sabía que Junts no respaldaría y disolvió las Cortes en nombre de Maricarmen. Sabiendo, además, que la salud de la señora de 87 años estaba muy deteriorada y que podía fallecer antes de votar. No hay pruebas, pero tampoco dudas. La muerte de Maricarmen y la agitación de la calle eran el golpe de efecto que el Gobierno necesitaba para apretar las encuestas, aunque, visto lo visto, Sánchez tendrá que sacarse algún que otro conejo de la chistera para mantenerse en Moncloa.
A falta de que una nueva prevaricación del CIS de Tezanos diga que el PSOE roza el 50 % de los votos, los barómetros que se van conociendo tras la convocatoria electoral pronostican cerca de 200 escaños para la derecha. El que hoy publica El Debate indica incluso que Sánchez tendría aún menos apoyo que en septiembre, en plena invasión de Ceuta. Pero convendría que PP y Vox no se tomaran estos números demasiado en serio, porque un exceso de confianza podría desembocar en el mismo escenario de julio de 2023. La campaña es muy larga y queda mucho hasta el 29 de noviembre. Hay que hacer bien las cosas hasta entonces y mucho mejor después.











