El acoso sanchista contra la juez Biedma
Francisco Marhuenda.- No es ninguna exageración afirmar que el sanchismo es un peligro para la democracia. Es una realidad objetiva que se concreta en las actuaciones de Sánchez contra el Estado de Derecho o lo que hemos conocido sobre las cloacas del PSOE contra jueces, fiscales, policías, guardias civiles, empresarios y periodistas. Esto último es, sin lugar a dudas, el escándalo más grave e inquietante que hemos vivido en democracia. La juez Biedma explicó a Pedraz la campaña de acoso y seguimientos de la que fue víctima durante la instrucción de la causa contra David Sánchez. La propia Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil remitió al juez instructor un informe acreditando el acoso a Biedma e informó de las reuniones de los integrantes de las cloacas con los clanes de la droga. Es decir, querían acabar como fuera con la juez que cumplía con su deber instruyendo el caso que afectaba al hermano del presidente del Gobierno.
Afortunadamente, se descubrieron las operaciones que Leire Díez había emprendido para desactivar las causas judiciales que preocupan a Sánchez y al Gobierno socialista comunista. El acudir al clan de los Rochos demuestra la degeneración del sanchismo, porque la propia Cintia Rocho entendió que el objetivo era acabar con la magistrada y que fue el exjuez Luis José Sáenz de Tejada quien se puso en contacto con ella y le trasladó que Biedma era «un puto grano en el culo y que había que eliminarla». Cuando le dijo que «a palos aprende el burro» tuvo claro que querían causarle daño físico. Biedma informó de la angustia que vivió con la campaña de las cloacas, hasta el extremo de que le llamaron del colegio de sus hijas para decirle que había ido su hermano, que no tiene, a recogerlas.
Los datos objetivos que estamos conociendo desde hace meses confirman que no hay ningún acoso del Poder Judicial contra su familia, su Gobierno o su partido, sino todo lo contrario. En cualquier democracia, las consecuencias de una operación tan repugnante y criminal serían demoledoras y Sánchez habría tenido que presentar su dimisión. En cambio, su única prioridad es seguir en el cargo con el apoyo de una izquierda política y mediática que ha decidido que nada importa con tal de servir al sanchismo.










