Se juzgan 8 años de Gobierno
Tomas Gómez.- La mano derecha de Pedro Sánchez ha sido durante muchos años José Luis Ábalos y, antes de convertirse en uno de sus mayores problemas, fue quien mejor entendió cómo ganaba elecciones y qué batallas no debía librar. Ahora se enfrenta a su campaña más incierta pero que, a cambio, tienen menos experiencia electoral. El primer error de cálculo ha sido anticiparlas. No queda nada a la izquierda del PSOE, tampoco queda nada de los moderados que han dado amplias victorias en otros tiempos. Su verdadero objetivo es superar los 110 diputados que obtuvo Rubalcaba para seguir dirigiendo la organización y, para ello, está dispuesto a tensar la cuerda hasta límites insospechados.
Intentará transformar unas elecciones sobre su gestión en un referéndum sobre el miedo a quienes pueden sustituirle, polarizará la campaña porque cuanto más visible sea Abascal, más fácil resultará pedir a un votante desencantado que vote para impedir que lleguen los otros. El riesgo que corre Alberto Núñez Feijóo no viene del PSOE, sino de que muchos votos a Vox solo sirvan para que los restos otorguen el último diputado de una circunscripción al PSOE, en detrimento del PP por la Ley D´Hont, como ocurrió en 2023. Pero, en esta ocasión se equivoca, polarizar funciona extraordinariamente bien cuando el país está dividido aproximadamente por la mitad y lo hace bastante peor cuando uno de los dos bloques empieza la carrera catorce puntos por detrás.
Es cierto que esa distancia se recorta automáticamente con la propia convocatoria electoral porque no es lo mismo preguntar a un ciudadano cuando no hay elecciones a la vista que cuando están en ciernes, pero la movilización en este momento no responde a los ejes de coordenadas izquierda y derecha, sino en quienes quieren relevar a Sánchez y quienes quieren que siga. El reto lo tiene el líder socialista que ha prometido la remontada. Si no lo consigue habrá acabado su tiempo en política.La campaña será bronca. Necesita que las elecciones dejen de ser un juicio sobre sus años de Gobierno y se conviertan en un juicio sobre quienes pueden sustituirle. Necesita a Vox en primer plano y a una izquierda que acuda a votar no tanto para renovar su confianza en el Gobierno como para impedir que gobiernen los otros. Quizá esta vez Sánchez descubra que una campaña diseñada para asustar a la izquierda puede terminar movilizando todavía más a quienes quieren echarle.











