Vuelve la estafa del 15-M con las casitas de papel del okupa Sánchez
Francisco Rosell.- Como las oscuras golondrinas del poema de Gustavo Adolfo Bécquer, vuelve cual moda retro aquel 15 de mayo de 2011 en otro momento terminal como el del zapaterismo y en la antesala de otras elecciones municipales y autonómicas. Se trata de un rebrote otoñal tres lustros después de aquella indignación que capitalizaron quienes hoy gozan del casoplón del que carecían como vecinos de una vivienda de protección oficial en Vallecas antes de llegar al Gobierno hace un ochenio o son grandes tenedores de fincas que han atesorado como esos malos médicos que no viven de los enfermos que sanan, sino de aquellos pacientes a los que acompañan hasta la tumba.
Al agravar lo que prometieron arreglar, cualquier símbolo es bueno para su juego del trile, incluida una anciana de 87 años con una discapacidad del 50 %, cuya situación de dependencia hay que atender sin duda, pero que se ha beneficiado durante décadas de un emplazamiento privilegiado de Madrid a un precio ridículo merced a subrogarse en una normativa franquista del alquiler derogada por el PSOE y que hoy debe añorar pensando para sus adentros «con Franco vivía mejor». En esa circunstancia adversa, que no injusta ni ilegal, esta vecina es instrumentalizada por el antifranquismo sobrevenido de quienes practican el «contra Franco vivimos mejor» al cabo de medio siglo de la muerte del dictador y al que no hay día en el que no le homenajeen manifestando combatir la herencia que usufructúan.
Así, por aquello de que todo viene bien para el convento, Maricarmen Abascal ha sido convertida en símbolo de conveniencia de una izquierda que ambiciona sembrar España de tiendas de campaña como las de Ceuta tras rendir Sánchez sus fronteras a Mohamed VI. Mas cuando, tras ocho años largos de Gobierno, este sólo ha levantado casitas de papel, de papel, rememorando aquella canción de posguerra que animaba a afrontar la escasez de vivienda en los años del hambre, con un centón de leyes, reglamentos y directivas que, lejos de edificar hogares, los entorpece. Por mor de ello, la generación estafada por los padres del 15-M en el poder no tiene mayor porvenir habitacional que heredar las casas de sus progenitores. Aun así, los causantes del colosal estraperlo se revuelven sobre su propia incompetencia e intentan culpar a los demás de su farsa.
Para escamotear la encamisada, como Zapatero en mayo de 2011 dejando expandirse la acampada en la Puerta del Sol al creer hallar un ancla para su Titanic con Rubalcaba de ministro del Interior, el okupa Sánchez trajina lo propio riéndose con su jo, jo, jo, con la complicidad del ja, ja, ja de sus cómicos de cartera como los Broncanos del coronavirus oe, los Perros andaluces que presumen de barco en Marbella y los Don Piso Wyoming. Imposibilitados de disponer de un salario digno, de agenciarse una casa y de cobrar una pensión a futuro por las decisiones de esa nueva casta, los damnificados del Gobierno dizque progresista engrosan un precariado al que el mileurismo de ayer les parece hoy una aspiración. Entre tanto, le florean la cruda realidad con lemas y pancartas que disimulan su empobrecimiento buscando hacerlos dependientes y desincentivando un trabajo que no renta, que diría quien se graba un vídeo enrollando bolas de papel y compitiendo a encestarlas en una papelera con el nuevo pope de la izquierda desnortada, Zohran Mamdani, alcalde musulmán de Nueva York, aprovechando su asistencia a la Asamblea General de la ONU.
Al fin y al cabo, un Gobierno tan depredador como incompetente los hunde en el desánimo al no tener alicientes para trabajar al estigmatizar a quien emprende y penalizar confiscatoriamente a quienes asumen riesgos. Paradójicamente, muchos españoles coadyuvan a consolidar el sistema que les oprime a diferencia de aquellos que propiciaron la modernización de la economía española y su exitosa transición política. Por eso, no debe sorprender el saludo cáustico de un marinero de Lepe que desanuda redes a otro vecino de bruñido torso tatuado en una de esas barriadas en las que cohabita la pesca artesanal con chiringuitos marineros. Al trasladarle «¡qué bien vives!», quien camina a rastras de dos juguetones canes le replica impávido: «Con todo lo que hay que pagar por trabajar, ¿para qué voy a hacerlo? ¡Hay que vivir, hermano!». No sin irritación, tercia un tercer marinero que marcha rumbo al artesanal varadero: «¡Pues, con gente como tú, vamos a levantar el país, por los cojones!».
Si el fallecido cineasta (y genial humorista) Manuel Summers, aunque hoy convenga referirse a él como progenitor de David Summers, de Hombres G, hubiera sido testigo de esta escena vivida en su querida playa de la Antilla —su padre inauguró esa barriada de promoción pública en 1955 como gobernador de Huelva—, su reacción habría oscilado entre la sonora carcajada y la abierta indignación. Si el dolce far niente sanchista se ha apoderado de pueblos tan industriosos como el Lepe de los Summers, adonde peregrinó Jordi Pujol en 1996 para averiguar el milagro del oro rojo de sus campos de fresa tras vilipendiar veinte años atrás a los andaluces, a los que tildó de peligro para el porvenir catalán por su «miseria cultural, mental y espiritual», ¿qué se puede cavilar de otros predios menos dinámicos?
En suma, poniendo del revés la controvertida frase de François Guizot, inspirador de la revolución burguesa de Louis-Philippe d’Orléans que modernizó Francia y cuyo legado reivindicó Ortega en su prólogo francés de La rebelión de las masas, en la que exclama: «¡Enriqueceos a través del trabajo, el ahorro y la honradez!», ahora impera en la España sanchista lucrarse con el «trabajo, el ahorro y la honradez» de los otros. En Lepe (como en otros lares) se han quedado con el cante sin parecerles un chiste.
Tales deserciones están al cabo de la calle cuando se privilegia a minorías con derechos, pero sin deberes, cargándose estos sobre las espaldas de quienes aguantan en pie la pirámide invertida de un país que grava de modo confiscatorio el trabajo y el esfuerzo. Pero el rentista Sánchez, cuyo suegro se benefició de un arrendamiento mínimo de un edificio de Muface para sus saunas de prostitución y del que aún disfrutan sus herederos, alza la bandera de su fracaso con nuevos anuncios. A Zapatero no le salió bien la jugada en 2011, pero él debe pensar lo contrario en su desesperación de náufrago luego de favorecer la ocupación de inmuebles y demonizar al inversor que los compraba para alquilarlos, aminorando la oferta y disparando los precios, mientras su Gobierno era incapaz de poner un ladrillo al ser más fácil arrancar las placas de las promociones franquistas a cuenta de la ley de desmemoria histórica.
Para este menester, como en aquel televisivo Tengo una carta para usted, «Noverdad» Sánchez sale ahora con un «Maricarmen, tengo un mensaje para ti» para publicitar, a buenas horas, mangas verdes, que «el Gobierno está trabajando contrarreloj para llevar el próximo martes el real decreto-ley sobre vivienda», en vez de entregar las viviendas que se comprometió a entregar. Ello refrenda su naturaleza de impostor en seria porfía con un Pablo Iglesias al que ha plagiado su programa y que blande que «Maricarmen es nuestra Rosa Parks». Con Podemos fuera del Gobierno, entiende que es «el momento de exigir lo que en otros momentos era más difícil de exigir». Como buenos farsantes, ninguno se aplica la convención que predica, dada su común vocación de hacer de cada solución un problema.











