El último viajero romántico
Iñaki Rodríguez Martín-Feriche.- “Quisiera encontrar,
un camino al caminar,
que me lleve a tu vera
y no me pierda más”.
¿Qué es la vida, sino un viaje al corazón? Mis padres, ambos granadinos, entraron en la sociedad madrileña en los años 70 con mucho brío.
Mi padre, fue rector de universidad y ministro de Educación y Ciencia, en el Gabinete Carrero Blanco. Era muy aficionado a la poesía y mi madre, recitaba a Lorca como nadie. En casa, las fiestas se hacían memorables y por allí pasaban muchas celebridades y personajes de la época. Se puede decir que, Julio y Mariperta, no sólo eran buenos anfitriones, también fueron los mejores embajadores que tuvo Granada, en la capital de España, durante la primera mitad de aquella convulsa década.
Mi padre creó la primera “cátedra Lorca” en el mundo (en Hispanoamérica) y usaba la poesía de Lorca para calmar las revueltas estudiantiles en la Universidad Autónoma, a principios de los 70.
Participó en el homenaje que se hizo a Lorca en Fuente Vaqueros, en 1976 y mi madre, no sólo recitaba a Lorca en reuniones privadas, también en festivales como el que se organizaba en el Castillo de Salobreña. ¡Mis hermanos y yo, teníamos a Lorca hasta en la sopa!
Desde muy pequeño, noté que me ocurrían muchas casualidades. A veces comento algo inusual y de pronto, lo mencionan en la radio o en la tele o abro un libro y está ahí escrito. Tras un dificultoso proceso de investigación (y digo dificultoso, porque es un campo en el que no se ha profundizado demasiado) he descubierto, entre otras cosas, que se trata de sincronicidad, un concepto desarrollado por el psicólogo sueco Carl Jung y que está ligado a la física cuántica, multiversos, teoría de cuerdas, espirales en el tiempo etc. etc. Una tarde, paseando con mi esposa por Granada me telefoneó un amigo:
– “¿Qué tal todo?”
– “Bien, aquí, en Granada, a ver si ahora que está de moda esa hipotética amistad entre Lorca y José Antonio Primo de Rivera, aprovecho y puedo visitar Fuente Vaqueros, Víznar y la Huerta de San Vicente.
Me encantaría descubrir cómo murió, realmente, el poeta. Si un inglés es el que más ha escrito sobre el tema, yo, que soy de aquí, imagino averiguaré más que él, jeje”…
Fue despedirnos y al rato toparnos, Susana y yo, con un antiguo edificio donde una señora bloqueaba la puerta de entrada fumándose un cigarrillo:
–“Hola ¿nunca han estado aquí?”, nos preguntó con acento rumano dando una calada.
– “No”, respondimos al unísono. – “Esta es la casa de los Rosales, aquí arrestaron a Lorca justo antes de fusilarlo”.
– “¡Qué interesante! … Nací aquí, pero siempre he vivido fuera y no conocemos mucho esto, mi mujer es de la costa”.
–“Pues en ese grupo de ahí, están hablando de Lorca ahora mismo. Son, el periodista Andrés Cárdenas y los profesores y especialistas en Lorca, José Antonio Fortes y Salvador Raya y la dama no sé”.
– “Gracias, vamos a entrar a tomar algo”. Pedimos unas bebidas y comenté:
– “Voy a investigar si son de la memoria democrática o de la otra memoria histórica”.Entonces me levanté, me acerqué como quien no quiere la cosa y ojeé unos folletos, disimulando. Traté de escuchar lo que decían y percibí, con enorme sorpresa, que estos no hablaban de viles fascistas y asesinos, ni tenían espuma saliéndose por la boca. Volví a mi sitio y susurré a mi esposa:
– “Creo que son de los nuestros”.
A los pocos minutos se levantaron y se acercaron a la salida para despedirse. Me acerqué de nuevo, me presenté y les conté quien eran mis padres y tuvieron la gran amabilidad de invitarme a su próximo encuentro. La mujer que los acompañaba se llamaba Miriam. Fue entonces cuando, estando en casa, mencioné por diversos motivos a dos personas y casualmente, también asistieron a la siguiente reunión. Hablo del catedrático de historia Antonio Nadal y del pintor Pepe Salobreña e improvisadamente, un cuchicheo se propagó como una exhalación por un laberinto lleno de pasadizos estrechos:
– “¡El tiempo no es lineal, es una espiral! ¡El tiempo no es lineal, es una espiral!”…y de aquel último encuentro, nació una verdadera amistad.
Pepe y su mujer, Ana, nos invitaban a sus exposiciones de pintura y Antonio Nadal presentó la segunda edición de mi último libro (Verdad sesgada). José Antonio y Salvador, compartieron conmigo, paso a paso, todos sus descubrimientos sobre la muerte de Lorca y el primero, ya jubilado, me acogió como a un nuevo alumno.
Entonces leí su libro “Lorca: Fraude y leyenda” y me atrapó algo que, amordazado, quería, pero no podía hablar. De nosotros, fue José Antonio quien más investigó la relación entre Lorca y el universo de los gitanos y Salvador, una de las personas más dignas que conozco, siempre defendiendo sus ideales hasta en los momentos más oscuros y compartiendo, generoso, sus discernimientos y manuscritos (Federico García Lorca: Misterio, mito y realidad), me preguntó si conocía a alguien en el Sacromonte.
Respondí que sí. Primero pensé en Enrique “el canastero”, pero entonces los llevé hasta Curro Albayzin, quien nos contó todo lo que sabía (o suponía) sobre la muerte del poeta. Entonces dijo Salvador:
– “Llevo dos días hablándole a José Antonio, sobre un cantaor llamado Curro Albayzin y a ti no te he dicho nada y ahora… ¿apareces tú y nos llevas hasta él?”
Al bajar la Cuesta del Chapiz (o quizá al subirla, pues uno nunca sabe a dónde va cuando piensa en otra cosa y mucho menos en el Albayzin) atamos cabos sueltos y un regomello recorrió, como descarga eléctrica, nuestras columnas vertebrales en viaje de ida y vuelta: de abajo a arriba y viceversa, conectándose a nuestro cerebro en un parpadeo. Repentinamente se oyó un siseo, como un silbido. Eran duendes de la tierra, desgañitándose para inducirnos a sonsacarles sus secretos.
Por un instante, nos sentimos envueltos en su campo magnético y a José Antonio, se le volvió a iluminar la bombilla:
– “Convendría indagar también sobre el viaje de Federico a Cuba…” Y pensé:
–“¡Sí y de paso, encontrar nuestro coche!”.
Y así continuamos caminando sudorosos, bajo un sol de justicia, mientras la Alhambra aparecía y desparecía, entre pitas y chumberas.
(El último viajero romántico)











