María Jesús Montero y el noble arte de no cuadrar ni una cuenta (pero intentarlo con entusiasmo)
José Carlos Ávila.- Hay personas que nacen con un don. Algunas destacan en la música, otras en el deporte, y luego está María Jesús Montero, que ha decidido especializarse en un terreno mucho más abstracto: el de las cuentas que nunca terminan de salir, pero que se explican con una seguridad admirable.
Porque no nos engañemos: hacer que los números cuadren está sobrevalorado. Lo importante es la actitud. Y en eso, Montero es una auténtica virtuosa. Donde otros ven déficits, ella ve “ajustes temporales”. Donde el ciudadano medio ve que falta dinero, ella detecta “márgenes de interpretación presupuestaria”. Es, en definitiva, una cuestión de perspectiva… y de optimismo creativo.
Su salto a Andalucía añade un nuevo capítulo a esta apasionante saga matemática. La comunidad autónoma, conocida por su historia, su cultura y su sol, podría convertirse también en el laboratorio perfecto para experimentar con una nueva aritmética política: esa en la que dos más dos no siempre son cuatro, pero se explican en rueda de prensa como si lo fueran.
Imaginemos el escenario. Un mitin en el que, con tono pedagógico, se explique que el gasto ha aumentado, sí, pero también ha crecido “la ilusión contable”. Que la deuda no es tal, sino una “inversión en futuro pendiente de reinterpretación”. Y el público, entre confundido y fascinado, asentirá porque, al fin y al cabo, ¿quién necesita exactitud cuando hay convicción?
Lo verdaderamente admirable es la coherencia. Porque no es fácil mantener durante tanto tiempo una relación tan flexible con los números sin perder la compostura. Requiere entrenamiento, disciplina y una fe inquebrantable en que, si se repite una cifra lo suficiente, acabará sonando correcta.
Andalucía, por su parte, tendrá la oportunidad de descubrir si esta forma de entender las cuentas es contagiosa. Quizá pronto veamos bares donde la cuenta nunca coincide, pero el camarero lo explica con tanta pasión que uno termina pagando con una sonrisa. “No son 23 euros”, dirá, “son 17 más un ajuste emocional”.
En cualquier caso, el desembarco de Montero promete espectáculo. Y eso, en política, ya es medio éxito. Porque si algo ha demostrado es que, aunque las cuentas no salgan, siempre se puede salir a explicarlas. Y a veces, con suficiente retórica, hasta parece que cuadran.
O al menos, que da igual que no lo hagan.











