¿Ha muerto la civilización de los persas?
Ayer, cuando apenas faltaban unas horas para que se cumpliera el enésimo “ultimátum” de Donald Trump a Irán relativo al desbloqueo del estrecho de Ormuz, el presidente estadounidense hizo en la redes sociales un anuncio apocalíptico: “esta noche morirá toda una civilización”. Obviamente referida nada menos que a la multisecular civilización que tiene su antecedente en el Imperio Persa. Cuando están leyendo este artículo escrito ayer tarde -por el horario del cierre de la edición- no se tenían noticias todavía de ese presunto apocalipsis que, teóricamente y dada la diferencia horaria entre EE UU e Irán, y de España respecto a ambos, no podía saberse si había sido cumplido o no.
A la espera de conocer el desenlace de ese presunto apocalipsis, hay que reiterar lo ya conocido respecto a este conflicto en Oriente Medio desencadenado por EE UU e Israel contra el régimen dictatorial y teocrático de los ayatolás. Entre diversos males no hay obligación de bendecir ninguno ni omitir ninguno, sino denunciarlos todos, aunque deba ser con distinta gravedad. Y esta reflexión es oportuna plantearla ante una guerra como la que actualmente se libra entre EE UU e Israel contra la República islámica iraní, y que se desencadenó el pasado 28 de febrero.
No estamos ante un bando “bueno” y uno “ malo” entendidos como uno que combate por la “defensa del bien común y la virtud” frente a otro que combate por conseguir todo lo que se opone a esos valores. Como estableció San Agustín en su reconocida obra “Las dos ciudades”, donde sentó las bases de lo que es “El sentido de la Historia”. Pero es evidente que la guerra actual con Irán y su especial gravedad es una ocasión para planteárselo. EE UU es una democracia política al igual que Israel -mientras Irán es una dictadura religiosa-, pero eso no legitima automáticamente toda actuación por su parte.
Unos y otros pelean por conseguir alcanzar y defender sus respectivos intereses, y muy en especial por los geopolíticos en la zona que están muy vinculados al petróleo. Que es por lo que también combate Irán aunque ahora lo haga frente a la agresión militar que padece.
El derecho a la legítima defensa tampoco avala la conducta iraní que no respeta los derechos humanos de los iraníes que son violados de forma continuada por su teocracia. Ni tampoco los derechos de quienes considera enemigos en la zona, y en concreto por el Estado de Israel. Por medio de Hamás, Hezbolá y los hutíes pretende “echar a los judíos al mar” y acabar con su Estado. En definitiva, que estamos ante un enfrentamiento de un “mal menor” contra un “mal mayor”.











