Un municipio sin rumbo y de espaldas al turismo
Rocío Pérez Vicioso.- Hay silencios que hablan más que cualquier discurso institucional. Calles vacías en pleno fin de semana, comercios cerrados y un patrimonio que se marchita sin testigos son síntomas claros de un problema más profundo: la alarmante ausencia de una política turística coherente en el municipio de Casarrubios del Monte.
En un contexto donde incluso las localidades más pequeñas han entendido el turismo como motor económico, cultural y social, resulta incomprensible que aquí siga reinando la improvisación —cuando no, la absoluta inacción. No existe una estrategia definida, ni un relato que proyecte identidad, ni una mínima coordinación entre los actores implicados. El resultado es evidente y al mismo tiempo triste: nadie viene, entre otras cosas no existe promoción turística ni tenemos una oferta que capte la atención de los potenciales visitantes. .
El problema no es la falta de recursos. Muchos municipios con menos patrimonio, menor presupuesto y peor ubicación han sabido posicionarse en el mapa gracias a una gestión inteligente y sostenida. Aquí, en cambio, se ha optado por la inacción. No hay campañas de promoción relevantes, la presencia digital es escasa o inexistente, y la señalización turística brilla por su ausencia. En la era de la información, este vacío equivale a la irrelevancia.
Aún más preocupante es la falta de visión política. El turismo no puede depender de iniciativas aisladas o eventos puntuales sin continuidad. Requiere planificación, inversión y, sobre todo, voluntad. Sin embargo, el alcalde sanchista parecen más centrado en conservar su cantera de votantes subvencionados que en construir un proyecto de futuro. No se puede gobernar eficazmente si no se sabe gestionar.
Mientras tanto, el tejido económico local se resiente. Bares, alojamientos y pequeños comercios ven pasar jornadas festivas como las vividas como si fueran días cualquiera. Los jóvenes se marchan en busca de oportunidades que aquí no existen, y el municipio entra en un círculo vicioso de crisis y estancamiento.
Resulta especialmente paradójico que, en un momento en el que el turismo de interior, sostenible y de proximidad está en auge, este municipio no haya sabido —o querido— aprovechar la oportunidad. ¿Dónde están las rutas culturales, las experiencias gastronómicas, las propuestas de turismo activo? ¿Dónde está la narrativa que convierta lo cotidiano en atractivo?
No se trata de convertir el municipio en un parque temático ni de masificar sus espacios. Se trata de tener una hoja de ruta, de identificar fortalezas y de proyectarlas con coherencia. Se trata, en definitiva, de entender que el turismo no es una consecuencia automática, sino el resultado de una estrategia bien diseñada.
Seguir ignorando esta realidad no hará que desaparezca el problema. Al contrario, lo agravará. Cada año sin planificación es una oportunidad perdida, un tren que no vuelve. Y lo más preocupante es que, mientras otros avanzan, aquí seguimos mirando cómo pasa.
La pregunta ya no es si el municipio tiene potencial turístico. La verdadera cuestión es si quienes lo gestionan están dispuestos a asumir la responsabilidad de desarrollarlo. Porque, de lo contrario, el silencio de sus calles seguirá siendo la única respuesta.
*Portavoz municipal del PP en Casarrubios del Monte (Toledo)











