Morante de la Puebla, decidido a apoyar a Juanma Moreno
A los pocos días de pulsar el botón nuclear de las urnas, Juanma Moreno se desplazó hasta la localidad sevillana de Lora del Río para conocer la placita cuadrada de Zahariche, un cortijo que guarda toda la esencia de la Tauromaquia y donde pastan los toros de la ganadería de Miura. Allí compartió una jornada de tentadero nada menos que con Morante de la Puebla, el torero más aclamado de los últimos tiempos, que antaño se había convertido en icono fetiche de Santiago Abascal. Ya no.
El despertar de Vox, en unas andaluzas allá por 2018, fue la imagen de Abascal subido en un caballo en una cacería de liebres con Morante a su vera.
El presidente andaluz y candidato a la reelección publicó en sus redes sociales –donde quedan atrapados la mayoría de los jóvenes– dos vídeos, sumamente cuidada la imagen, en los que daba cuenta de cómo había ido su jornada de tentadero con Morante, ahora decidido a apoyar su campaña. No la de Abascal, que en verdad vuelve a ser el único candidato. Aunque se presente otra persona distinta.
El día de Moreno con Morante, publicitado en todos sus perfiles en las redes sociales, representa el abrazo a una tradición bien arraigada a la idiosincrasia andaluza. El campo y los toros, que erróneamente se identifican como símbolos de la derecha, del conservadurismo patrio.
Dos banderas que ha ido abandonando la izquierda y que se han ido arrogando primero el PP y luego, con gran éxito, Vox.
Ahora, la estrategia de Juanma Moreno para neutralizar la subida del partido verde y captar votos por la derecha pasa por arrebatarle a Abascal sus banderas sin copiarle su discurso ni en una coma. Toros, campo, Semana Santa, las tradiciones, en definitiva. Hasta la batalla con la izquierda «sanchista», que tanto representa María Jesús Montero.
El candidato andaluz pretende ocupar un ancho espacio: desde los socialistas descontentos con sus siglas –muchos de ellos ya le prestaron el voto en 2022– hasta los electores más de derechas que tradicionalmente votaron al PP y luego se pasaron a Vox.
Y para cortejar a los electores de ambos caladeros, que la manta da para lo que da, la combinación es simple: un discurso «moderado» repleto de gestos que gusten a los feligreses de las dos parroquias. Todo sea para alcanzar la difícil meta de la mayoría absoluta.
Los sondeos internos animan al PP en su transitar hacia las elecciones del 17 de mayo. Hay opciones reales para repetir la absoluta y continuar con un Gobierno en solitario. Aun así, la máxima es simple: «Confianza cero». Que las campañas las carga el diablo.
En el PP están convencidos de que tanto Pedro Sánchez como Santiago Abascal irrumpirán con fuerza en las próximas semanas en las calles andaluzas para «polarizar» al electorado y «reventar» la campaña. Uno, con la misión de movilizar a la izquierda y engordar al otro, que a su vez pretende crecer por todos los flancos. Especialmente, por el derecho, claro.
A la «pinza» que, según los populares, intentarán hacer el PSOE y Vox a Moreno, la respuesta será simple: un perfil propio. «Vía andaluza», como se la bautizó hace cuatro años, que consiste en espantar los debates nacionales más divisivos –inmigración–, centrar el discurso principalmente en los problemas de la tierra y en sus soluciones, y hablar a todas horas de la estabilidad política.
Un interrogante que le pedirán resolver a Moreno antes de la hora de la verdad será qué piensa hacer con Vox si lo necesita para gobernar. Será la pregunta del millón en cada entrevista y en cada debate electoral. En su equipo son conscientes de ello.
Y también para esa aparente debilidad, porque podría agitar a la izquierda si llega a decir que pactará o gobernará con Vox, y podría enfadar a la derecha si llega a renegar de cualquier entendimiento; hay un plan trazado.
Básicamente: que si los votantes quieren estabilidad y que Moreno no esté condicionado por los postulados de Vox, la única opción es votarle a él. Que el PSOE agita el miedo a Vox, razón de más para pedir apoyo en el electorado socialista.
Que Vox eleva el tono y proyecta un pacto imposible, razón de más para pedirle el apoyo a su público.
Vox volvió a mostrar ayer su nerviosismo a través de una carta remitida a afiliados y simpatizantes, en la que su secretario general, Ignacio Garriga, acusa a la dirección del PP de estar detrás de lo que ellos consideran un «ataque brutal, calumnioso y miserable» contra su formación.
Uno de los objetivos de ese supuesto ataque, sostienen, sería impedir que pueda centrar su discurso en cuestiones como «los olivos arrancados, la vivienda inaccesible, la sanidad colapsada, los impuestos abusivos y la corrupción», así como en la inmigración, que considera prioritario en su agenda política.












