La corrupción es tan intensa en España que hasta el aire es ya irrespirable
-La esposa y el hermano del presidente Sánchez
-El marido de Nadia Calviño
-La mujer de José Manuel Albares
-La hermana de Oscar Puente
-La pareja de Carlos Cuerpo
– Y miles de enchufados más, todos en cargos públicos o en empresas controladas por el Estado, todos parientes o amigos de prebostes socialistas o de aliados claves del gobierno, favorecidos por una marea sucia de amiguismo, nepotismo y orgía de privilegios.
Ya ni disimulan el abuso. Han logrado que España sea un lugar insano y podrido que causa repugnancia en el planeta. El país está en Alerta Roja por corrupción profunda y letal. Para sobrevivir en España ya es necesario usar mascarillas morales, esas que preservan de virus como el robo, el abuso, el expolio, el odio, la malversación y los demás vicios del poder.
Los patrimonios de los políticos se multiplican y sus cuentas bancarias, casi siempre escondidas, rebosan. La profesión más rentable del país ya es la de político y la de más futuro la de testaferro.
Los vagos son premiados y los que producen son flagelados. La injusticia es la dueña de la nación.
Si Europa y el mundo fueran inteligentes y conocieran lo mucho que se contagia la bajeza, organizarían una “cruzada” contra los que gobiernan España y, después de echarlos, enviarían un millón de camiones cisternas, llenos de ácido sulfúrico, para esparcirlo por todo el territorio español, en especial sobre los palacios y estancias del poder político, con la esperanza de que el país quede limpio de pus y excrementos.
No es una exageración sino un diagnóstico crudo de la realidad profunda de la España actual, donde el gobierno gasta cientos de millones en esconder el océano de fango y orina que ha creado.
Este infierno español es obra de las izquierdas, aliadas con el odio y la corrupción y dirigidas por un personaje llamado Pedro Sánchez.
¡España apesta a corrupción! El hedor es tan denso que hasta el aire se ha vuelto irrespirable. Un pantano moral donde la podredumbre lo impregna todo, desde los despachos ministeriales hasta el último rincón de la Administración.
Altos cargos y ministros encarcelados por tramas de comisiones y mordidas, familiares del líder con un pie en la cárcel por negocios turbios, clanes enteros de socialistas colocados a sueldo del Estado como si fuera un cortijo familiar, contratos amañados, subvenciones compradas, sobreprecios escandalosos y comisiones que engordan cuentas en paraísos fiscales, amnistías para delincuentes, impunidad para corruptos.
Hace pocos días, Pedro Sánchez cortó el tráfico, ordenó revisar las alcantarillas y movilizó 9 coches de escolta y 30 policías para ir a jugar al ajedrez a un bar de Malasaña.
No es un Gobierno; es una mafia con escaño en el Congreso. Y lo peor es que lo hacen con la cara lavada, vendiéndolo como “progreso”, mientras el pueblo paga la factura con impuestos y miseria. La izquierda ha convertido España en un supermercado de favores donde todo tiene precio y nada tiene honor.
Familias de ministros y altos cargos del PSOE aterrizan en chiringuitos públicos con sueldos de escándalo, sin currículum ni mérito, solo por tener el apellido correcto.
El líder, con su entorno salpicado de investigaciones judiciales, sigue al frente como si nada, blindado y sonriente y rodeado de guardaespaldas y coches oficiales.
Contratos públicos se reparten entre amigos y familiares, subvenciones se otorgan a dedo a ONGs afines y empresas amigas inflan facturas con total descaro. La justicia, maniatada; la Fiscalía, politizada; los medios, comprados o silenciados. Es el festín de los impunes, mientras millones de españoles luchan por llegar a fin de mes. Esto no es gobernar; es saquear a plena luz del día.
España se ha vuelto un asco moral y económico que ya resulta casi imposible de limpiar. La corrupción es el ADN del régimen. Ha destruido la confianza en las instituciones y ha convertido la política en un circo de malabaristas inmunes.
Los ciudadanos decentes miran con asco cómo se dilapidan sus impuestos en enchufes, fiestas. lujos y despilfarros.
Tengo un amigo abogado que bromea diciendo que hasta el mismo Dios ha prohibido a sus ángeles que sobrevuelen España, temeroso de que hasta los espíritus puros del Cielo se infecten con la mugre española.
Otro amigo dijo hace días en un bar de Sevilla que cuando el papa visite España, en el mes de junio, debería traer mascarillas y mucho desinfectante.
La cohesión social se rompe, la moral pública se pudre y el futuro se esfuma. ¿Cuánto más vamos a tolerar?
Pero lo peor de España no son sus ladrones y corruptos instalados en el poder, sino aquellos que han jurado defender la nación y no hacen nada por acabar con la muerte moral que nos impregna a todos. El Rey, la milicia, la Justicia, el periodismo y los ciudadanos demócratas y limpios son lo peor de la nación por su pasividad, cobardía y complicidad con lo que hiede.
Hay que limpiar España ya, sin piedad y sin complejos. No basta con cambiar un partido por otro. Hace falta una cirugía profunda que barra a la casta corrupta y entregue el poder a lo que queda de decente.
Basta de amnistías y pactos con delincuentes. Basta de familias colocadas, robos disfrazados y contratos amañados. España merece un renacimiento moral donde el mérito prime sobre el compadreo y la ley sea igual para todos. El aire está podrido, pero aún hay tiempo para abrir las ventanas y echar a los que lo han ensuciado todo.
O lo hacemos ahora, o España se hunde para siempre en su propia inmundicia.











