Eyes PSOE wide shut
Laureano Benítez (Dedicado a Noelia Castillo, in memoriam: RIP) (Texto perteneciente al libro ESPAÑA EN SU APOCALIPSIS, de Laureano Benítez, de próxima aparición)
Uno de los principales paradigmas de la ideología de izquierdas es su necrofilia, su enfermiza obsesión por la muerte, su culto a Tanatos, la personificación de la muerte en la mitología griega, con la particularidad de que se refería especialmente a la que tenía lugar sin violencia, o muerte natural, mientras que la izquierdosía, sedienta siempre de sangre, impaciente por ofrecer víctimas en holocausto a Satanás, bajo el nombre de comunismo ha facturado para el Tártaro a más de 100 millones de personas.
Desde tiempos inmemoriales, los rituales satánicos han tenido como clímax los sacrificios humanos, acompañados de ceremonias orgiásticas y protocolos iniciáticos cuyo fin era conseguir favores de los demonios del inframundo. Moloch era la deidad, de origen cananeo, a la que se inmolaban las víctimas en los ritos sacrificiales, y en su vientre incandescente se consumieron infinidad de víctimas. Aun hoy en día hay alguna secta que practica su adoración.
Las víctimas preferidas para estos pérfidos rituales siempre han sido los niños, muy posiblemente porque, debido a su inocencia primordial, son los más próximos al mundo angélico, los más cercanos al mundo celestial, y por ello su sacrificio es la ofensa más profunda a Dios.
¿Por qué esta estrecha intimidad entre la izquierdosía y el satanismo necrófilo? Pues por la sencilla razón de que Marx fue satanista, como él mismo confiesa en sus tremendos poemarios, donde proclama con rotundidad que para él el socialismo no era más que un pretexto, puesto que su objetivo final era el diabólico plan de arruinar a la humanidad por toda la eternidad, asaltando los cielos con su proletariado para llevarnos a los infiernos:
«Por tanto, el cielo he perdido,/ esto yo bien lo sé./ Mi alma, otrora fiel a Dios,/ seleccionada está para el infierno».
«Ese arte, Dios ni quiere ni rechaza, salta al cerebro desde la negra niebla del Infierno. Hasta el corazón embrujado, hasta que los sentidos titubean: con Satán he hecho mi trato».
«Los vapores infernales suben y llenan la mente,/ hasta que enloquezco y mi corazón es totalmente cambiado./ ¿Ves esta espada?:/ el Príncipe de las Tinieblas me la vendió./ Para mí marca el compás, y da las señales./Cada vez con más osadía, toco el baile de la muerte».
Arruinar a la Humanidad es, pues, la consigna de la izquierdosía, su diabólico plan, cuyo objetivo es llevar almas al infierno. Para ello, su estrategia consiste en destruir la civilización cimentada en los valores tradicionales, en las leyes naturales, que están en profunda armonía con el sustrato ético fundamentado en el cristianismo, arramblando con todas las instancias y estamentos que cohesionan a la sociedad: religión, Patria, familia, tradiciones, etc., con el fin de llevar el mundo al Kaos, al desorden, a una Babilonia infecta que sea una fábrica de condenación de almas, donde el señor de las Moscas pueda enseñorearse de nuestras vidas y robarnos nuestra filiación divina.
En esta batalla milenaria, legiones de demonios se han ido encarnando en la izquierdosía, engendrando destripadores, Circes, Landrús, sacamantecas, Dráculas, Lenines, Stalines, Maos, Pol-Pots, y el Satanás que los parió, raleas de monstruos, de endriagos, de hierofantes de cucurucho y oro, de milicianos matacuras y violamonjas, de vampiros noctívagos, de desenterradores de cadáveres, entre innumerables Coliseos sanguinolentos, Holodomores, Grandes Saltos Adelante, Terrores Rojos, y hecatombes inenarrables.
Como podía esperarse, España ha sido la presa favorita de la izquierdosía satánica, obsesionada por vengarse del país que le arrebató tantas almas en la colosal empresa civilizadora americana, que acabó con los sacrificios humanos y el canibalismo del mundo precolombino, al que evangelizó, para horror de Satanás. Desde entonces, los pretorianos del Averno han buscado la manera de acabar con la españolía, y con esa finalidad crearon el partido político donde poder incubar a sus aliens más excelsos: el PSOE.
Desde su fundación en 1879, el objetivo de este abyecto partido ha sido la destrucción de España, tomando el poder mediante golpes de Estado (1917,1930, 1934, 1936, 1981, 11 de marzo de 2004, moción de censura de 2018), y de incontables fraudes electorales (1931, 1936, 1982, 1993, 1996, 2008, 2019). Como resultado de sus gobiernos, siempre ha derivado el empobrecimiento de España, y la limitación de las libertades.
Fundado como un partido marxista, el PSOE buscaba implementar en España una dictadura marxista de corte bolchevique, recurriendo a la violencia como estrategia subversiva, aunque supusiera actos de crueldad. Como decía Largo Caballero, «la revolución exige actos que repugnan, pero que después justifica la historia». En “El Liberal de Bilbao”’, el 20 de enero de 1936 escribió: “¿Programa de acción!? ¡Supresión de todas las personas que por su situación económica o por sus antecedentes puedan ser una rémora para la revolución!”
Luis Araquistáin (destacado líder socialista) escribía a su hija: «La victoria es indudable, aunque todavía pasará algún tiempo en barrer del país a todos los sediciosos. La limpia va a ser tremenda. Lo está siendo ya. No va a quedar un fascista ni para un remedio”.
Alguno quedó, a pesar de las sanguinarias checas y del Terror Rojo desatado contra los religiosos, las víctimas preferidas para los demonios rojos de la izquierdosía, holocausto que ya había tenido lugar durante la revolución rusa, que masacró la Iglesia con extrema crueldad.
En Madrid hubo 345 checas, de las cuales 49 estuvieron bajo control socialista. Sin embargo, dado que el PSOE fue el partido que asumió más amplias cotas de poder en el tiempo en el que existieron, su responsabilidad última hay que atribuirla a los socialistas, aparte de que sus militantes y agrupaciones crearon algunas de las checas más temibles.
A partir de noviembre del 36, el protagonismo en la represión pasa a ser ejercido por el SIM (Servicio de Información Militar), creado el 9 de agosto de 1937 por el socialista Indalecio Prieto como agencia de inteligencia y del servicio de seguridad de la República.
Otro efecto colateral de los gobiernos socialistas es que, en su transcurso, se han aprobado leyes que, bajo la excusa de una defensa de los “derechos humanos”, han implementado la cultura de la muerte, en sus vertientes fundamentales: el aborto, y la eutanasia.
El gobierno soviético fue el primer gobierno del mundo que legalizó el aborto de manera voluntaria y gratuita, nada extraño, dada la naturaleza diabólica del bolchevismo. Tampoco debe extrañar que el aborto se legalizara en la Segunda República, ni que fuera el PSOE el partido que lo despenalizó en 1985, teóricamente en casos graves, pero con el coladero de los peligros para la “salud mental” de la madre.
Desde entonces, se calcula que en España se han sacrificado a Moloch más de dos millones y medio de fetos, y el PSOE está intentando colar el derecho al aborto en la Constitución. ¿Derechos humanos?: reducción de la población autóctona, ataque a la familia, incentivo para la avalancha de inmigrantes… y sacrificio ritual a Moloch, el dios de los abortos. En 2024 se alcanzó la cifra récord de 106.000 abortos, más que en Alemania, cuya población nos supera en casi 40 millones.
Aproximadamente el 20% de la población menor de 9 meses ha sido masacrada anualmente desde hace 10 años, bajo la cruda realidad del aborto. A esta cifra se le han de sumar los cientos de miles de abortos químicos realizados mediante píldoras abortivas y del “Día Después” legalizadas por el “provida” popular José María Aznar, los asesinados en pruebas de experimentación, o los “descartados” de la fecundación in vitro.
Circula por ahí una frase que viene a decir que “quien a aborto mata, a eutanasia muere”. Con 202 votos a favor, 141 en contra y dos abstenciones, el Congreso de los Diputados aprobó hace cinco años, el 18 de marzo de 2021, la Ley Orgánica e Regulación de la Eutanasia (LORE), convirtiéndose así España en el séptimo país del mundo y cuarto en Europa en reconocer esta práctica: pasmoso, en un país que en 1975 era nacionalcatólico, la “reserva espiritual de Occidente”, mientras que hoy somos la “reserva diabólica del Tártaro”.
Esto de la eutanasia es otro ritual más con el que contentar al dios cananeo sediento de sangre, de holocaustos, de víctimas, y con ella pasará como con el aborto, en la más pura estrategia de ventana de Overton: se empieza por legalizarla con algunos cortafuegos, para acabar en barra libre. En Canadá, por ejemplo, 1 de cada 20 defunciones son por eutanasia, por motivos tales como no poder pagar el alquiler, y hay un número creciente de holandeses que huyen de su país en cuanto se ven con achaques, porque no se fían de sus hospitales.
Mas estas victimaciones no pueden achacarse solamente al PSOE, (aunque sea el que lance las mortíferas leyes) ya que su responsabilidad recae también en el resto de los partidos políticos, por acción u omisión.
Otras victimaciones se deben a los desastres aparentemente naturales y accidentales que asolan España desde los gobiernos de Sánchezstein, que se pueden achacar a su ineptitud, a su desidia, a la mala suerte, al karma, a oscuras conspiraciones: incendios raros, raros; riadas extrañas, extrañas; descarrilamientos sorpresivos… Sea lo que fueran estas calamidades, Moloch sonríe, asentado en su trono de fuego, con sus mandíbulas abiertas en una espantosa risa sardónica: ¿casualidad? El caso es que, desde la pandemia coronavírica, una avasalladora legión de demonios ha invadido España, con el fin de llevarla a su Apocalipsis.
A esto hay que añadir la tremenda pulsión del PSOE por desenterrar cadáveres, puesta en escena durante el Frente Popular, y actualizada en la actualidad en su versión del Valle de los Caídos, puesta en práctica por Sánchezstein, sin duda alguna el personaje más malvado nacido en nuestra Patria.
Sin embargo, a pesar de su historia dantesca, el PSOE sigue siendo votado por casi un 30% de los españoles, que sin duda tienen como fetiches a dos de los monos de la trilogía famosa: el de no veas el Mal, y el de no oigas el Mal.
No, no quieren ver el Mal, no quieren ver la perversa maldad del PSOE, cerrando fuertemente los ojos, homenajeando el título de la obra póstuma de Stanley Kubrick, en la que se exponen precisamente rituales iniciáticos que rezuman la escenografía masónica tan querida por el PSOE: “Eyes wide shut” (“Ojos fuertemente cerrados”).
“Tienen el alma seca, muy seca, es el suyo un socialismo de exclusión, de envidia y de guerra, y no de inclusión, de amor y de paz. ¡Pobre idea! ¡En qué manos anda el pandero!” (Unamuno)
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