El Papa, en su homilía del Domingo de Ramos: «¡Deponed las armas! ¡Recordad que sois hermanos!»
El inicio de la Semana Santa, con la liturgia del Domingo de Ramos, está marcada en toda la Iglesia no sólo por las procesiones con palmas y ramas de olivo, sino también por la lectura completa de la Pasión, según el relato del Evangelio de san Mateo.
Un pasaje que inicia con el prendimiento de Jesús, que prosigue son su juicio injusto, su muerte en la cruz y su entierro en el sepulcro, y que incluye la severa admonición de Cristo a san Pedro: «Guarda tu espada, pues quien a espada mata, a espada muere».
La misma frase que dos milenios después el Papa León XIV, en su primera celebración pascual como Sucesor del Pescador de Galilea, ha empleado para realizar un profundo llamamiento a la paz, en un mundo crispado de guerra y violencia: «Cristo, Rey de la paz, sigue clamando desde su cruz: ¡Dios es amor! ¡Tened piedad! ¡Deponed las armas, recordad que sois hermanos!», ha exclamado el Pontífice.
Rey de la paz para un mundo en guerra
En una plaza de San Pedro más abarrotada que otros años, el Santo Padre invitó a mirar a Jesús, «que se presenta como Rey de la paz, mientras a su alrededor se prepara la guerra».
«Él -explicó León XIV-, permanece firme en la mansedumbre, mientras los demás se agitan en la violencia. Él, que se ofrece como una caricia para la humanidad, mientras los otros empuñan espadas y palos. Él, que es la luz del mundo, mientras las tinieblas están a punto de cubrir la tierra. Él, que vino a traer vida, mientras se lleva a cabo el plan para condenarlo a muerte».
Cristo, Netanyahu y Gengis Kahn
Sólo unas semanas después de que Benjamin Netanyahu se atreviese a equiparar a Cristo con Gengis Kahn para explicar el presunto fracaso de Jesús para establecer un Reino de paz, y en el mismo día que la policía de Israel ha impedido la celebración del Domingo de Ramos en la basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, el Papa León ha explicado que, «como Rey de la paz, Jesús quiere reconciliar al mundo en el abrazo del Padre y derribar todos los muros que nos separan de Dios y del prójimo, porque Él ‘es nuestra paz’ ».
Y mientras en Irán y Oriente Medio continúan los bombardeos y la guerra entre el régimen islamista de los ayatolás, los países limítrofes como El Líbano y las fuerzas de Estados Unidos, el primer Pontífice estadounidense de la historia señaló que, «como Rey de la paz, cuando uno de sus discípulos desenvaina la espada para defenderlo y hiere al siervo del sumo sacerdote, Jesús lo detiene de inmediato diciendo: ‘Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere’».
«Como Rey de la paz, mientras cargaba con nuestros sufrimientos y era traspasado por nuestras culpas», apuntó el Santo Padre, Jesús «no se armó, no se defendió, no libró ninguna guerra. Mostró el rostro manso de Dios, que siempre rechaza la violencia y en lugar de salvarse a sí mismo, se dejó clavar en la cruz, para abrazar todas las cruces erigidas en todos los tiempos y lugares de la historia de la humanidad».
El nombre de Dios «no justifica la guerra»
En un momento de profunda tensión también entre las diferentes culturas y religiones, el Papa censuró a quienes tratan de emplear el nombre de Dios «para justificar el enfrentamiento».
Así, recordó la nota distintiva del cristianismo, y de la propia identidad de Dios que Jesucristo ha revelado a los hombres, empleando incluso palabras del profeta Isaías, que es tenido como tal también por judíos y musulmanes: «Hermanos y hermanas, este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la paz. Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: ‘Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡vuestras manos están llenas de sangre!’».
Del mismo modo, León XIV recordó «a los crucificados de la humanidad» y «las heridas de tantos hombres y mujeres de hoy». Explicando el pasaje evangélico de la crucifixión, el Papa señaló que, «en su último grito dirigido al Padre, escuchamos el llanto de quienes están abatidos, de quienes carecen de esperanza, de quienes están enfermos, de quienes están solos. Y, sobre todo, escuchamos el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la violencia y de cada víctima de la guerra».
La oración del obispo Tonino Bello
Para concluir su homilía, el Papa empleó una oración mariana del obispo italiano Tonino Bello, actualmente en proceso de beatificación y considerado «siervo de Dios».
Se trata de un prelado que se destacó por su denodado testimonio por la paz durante la primera guerra del Golfo y el terrible conflicto de la guerra de Yugoslavia, donde llegó a peregrinar en pleno conflicto, para reclamar la paz: «Santa María, mujer del tercer día, danos la certeza de que, a pesar de todo, la muerte ya no tendrá poder sobre nosotros. Que los días de las injusticias de los pueblos están contados. Que los destellos de las guerras se están reduciendo a luces crepusculares. Que los sufrimientos de los pobres han llegado a sus últimos estertores. […] Y que, por fin, las lágrimas de todas las víctimas de la violencia y el dolor pronto se secarán, como la escarcha bajo el sol de la primavera».












