La cultura de la muerte en España
Ramón Pérez-Maura.- Ayer fue un día negro en la Historia de España. El Estado asesinó a una joven que no cumplía con los requisitos para la llamada ley de eutanasia. Porque no sufría una enfermedad terminal. Y peor aún, por cómo llegó a esa situación. La eutanasia se empezó promoviendo para enfermos terminales, luego en países como Holanda, se extendió a enfermos graves o con dolores insoportables; después se amplió a personas con trastornos mentales. Y lo que ayer sucedió en España fue un escalón más. Ahora ya basta con manifestar un malestar psicológico para recibir la eutanasia. Es decir, que esta puede llegar a ser una suerte de suicidio asistido
Noelia Castillo entró como adolescente en un centro tutelado donde sufrió una violación grupal. No es la primera vez que tenemos conocimiento en España de ese tipo de actos de vejación espantosa en centros en los que es la Administración quien tiene la responsabilidad de velar por los jóvenes que allí están.
Después de sufrir esa humillación, Noelia intentó suicidarse tirándose desde un quinto piso, y quedó paralítica en silla de ruedas, aunque luego fue operada por la Sanidad Pública logrando cierto grado de movilidad. Y esa minusvalía le ha llevado a pedir la eutanasia. En estas circunstancias, esa administración, que tiene una responsabilidad directa en cómo empezó la degradación de la situación de Noelia, en lugar de ayudarle dándole unas condiciones vitales que le permitan querer vivir, le facilita la muerte. Tratamiento de fisioterapia y psicología podían beneficiarle. Pero es más barato matarla. Y así, se acabó el problema.
Una persona que se quita la vida no está bien. Durante siglos, la Iglesia Católica no enterraba en sagrado a las personas que se habían suicidado por ser el suicido un pecado. Pero eso ha cambiado porque se considera que el suicido es la manifestación de un trastorno. Y no olvidemos que su padre asegura que Noelia no puede tomar libremente decisiones sobre su destino debido a problemas de salud mental. Pero las autoridades han ignorado esos problemas. Se la quitan de en medio.
Noelia Castillo no tiene fe, pero sí tiene unos derechos humanos que en este caso se han reducido a suicidarla. Y utilizo el término «derechos humanos» con toda intención. Porque lo que ayer salió triunfante con esa inyección fue la implantación de una cultura de la muerte en España.
España es hoy un país un poco peor. Normalizar esto es una tragedia. Y que nuestra Seguridad Social aplique ahora la eutanasia a una joven de 25 años es la manifestación más evidente de una degradación moral inmensa que solo puede darse en un país que esté muy enfermo. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Es esto el final del camino de degradación en que está inmersa nuestra sociedad? Me temo que todo puede empeorar, aunque cada vez es más difícil.











