No hay peor opción que María Jesús Montero
Tomás Gómez.- María Jesús Montero siempre fue ambiciosa. Quería ser presidenta de la Junta de Andalucía cuando era la titular de la consejería de Hacienda. En aquél momento, desde San Telmo, se observaban sus movimientos sin mayor preocupación porque era un tiempo en que los liderazgos se elegían en el territorio y Montero tenía un predicamento prácticamente nulo entre las filas socialistas andaluzas.
Pedro Sánchez la llevó al Consejo de Ministros para que se hiciese cargo de la cartera de Hacienda, que ha conservado desde 2018. Fue asumiendo más responsabilidades a lo largo del mandato de Sánchez, fue portavoz del Gobierno, vicepresidenta cuarta y vicepresidencia primera tras la salida de Nadia Calviño, responsabilidad que conserva a día de hoy.
Pedro Sánchez la llevó al Consejo de Ministros para que se hiciese cargo de la cartera de Hacienda, que ha conservado desde 2018. Fue asumiendo más responsabilidades a lo largo del mandato de Sánchez, fue portavoz del Gobierno, vicepresidenta cuarta y vicepresidencia primera tras la salida de Nadia Calviño, responsabilidad que conserva a día de hoy.
Hacía tiempo que Montero había dejado de soñar con la presidencia andaluza porque, dada su posición en la dirección federal del partido en la que es vicesecretaria general y su peso creciente en el Ejecutivo, empezó a forjar la idea de la sucesión al líder socialista.
Pero Sánchez no ha querido delfines nunca y ha ido apartando o relegando a los colaboradores más cercanos que han ido teniendo la mínima opción, otros se han ido cayendo de la carrera por sus problemas judiciales.
De esta manera, cuatro ministros, Alegría, Montero, López y Morant, fueron designados candidatos a las comunidades de Aragón, Andalucía, Madrid y Valencia, respectivamente, territorios que representan prácticamente la mitad de la población española.
Para Montero fue una mala noticia porque perdía toda opción de sucesión y el encargo de ganar a Juanma Moreno se le antojaba misión imposible, a tenor de las encuestas que se han ido publicando a lo largo de toda la legislatura.
Los resultados de Extremadura, Aragón y Castilla y León nos permiten varias lecturas. Una de ellas, es que cuanto más próximo a Sánchez es el candidato local, menos posibilidades electorales son las que tiene.
La segunda es el importante desgaste que tiene el PSOE. En Ferraz solo han tenido un momento de respiro con Castilla y León, y han celebrado como gran éxito un resultado que da mayor ventaja al PP sobre los socialistas que la que tenía previamente y en el que, además, el PSOE absorbe todo el electorado de Sumar y Podemos.
El experimento consistente en articular la campaña en torno al «No a la guerra» dio algún resultado, pero insuficiente para un cambio de mayorías. Tampoco hay que olvidar que Carlos Martínez era el líder regional más alejado del entorno de Sánchez de todos los candidatos autonómicos.
Es obvio que las posibilidades de partida de Montero son muy escasas. En ella se concentra todo lo que penalizan los votantes socialistas. Por otra parte, la acumulación de cargos se vuelve en su contra porque es imposible actuar como ministra, y priorizar el entendimiento con los gobiernos autonómicos y ejercer, al mismo tiempo, como líder de la oposición a uno de ellos.
En su debe también hay que apuntar dos elementos que la consolidan como la peor de las opciones que tiene el PSOE para disputar al PP Andalucía. En primer lugar, su incapacidad para presentar un proyecto de Presupuestos Generales en toda la legislatura, incumpliendo la obligación constitucional que tiene el ejecutivo de llevar a la Cámara parlamentaria una propuesta.
Ha asegurado en decenas de ocasiones, en respuesta a preguntas de los medios de comunicación, que estaba ultimando detalles, excepto en los últimos días, en los que ya ha reconocido que solo contemplan la opción de tener los de 2027.
En segundo lugar, la financiación privilegiada a Cataluña, que no es otra cosa que el pago a los independentistas por mantener su apoyo a Sánchez y que Montero ha materializado siguiendo al dedillo el dictado de los separatistas.
Próximamente se encontrará con otra piedra en el camino, la cesión del IRPF a Cataluña, condición que ha exigido Oriol Junqueras a Salvador Illa para dar su visto bueno a los presupuestos catalanes.
De momento, Sánchez se ha negado, pero el ridículo de Illa retirando las cuentas que había presentado al Parlament, hace presagiar que presionará a la Moncloa para que, nuevamente, ceda ante la presión.
Por primera vez, los intereses de Sánchez y de Illa no están alineados y, aunque la decisión la tomará el líder socialista en función de sus necesidades personales, no hay que despreciar la capacidad de influencia del PSC.
María Jesús Montero pasará a la historia del Partido Socialista sin pena ni gloria. Quiso serlo todo y acabará marcando un mínimo histórico en un feudo tradicionalmente socialista.
Sánchez ha destrozado las posibilidades electorales en todos los territorios por doble vía. Primero, porque su negativa a anticipar elecciones legislativas convierte a los candidatos locales en depositarios del descontento de los votantes y, segundo, porque imponiendo ministros para tener el control orgánico y eliminar todo atisbo de discrepancia en decisiones controvertidas, convierte cada proceso autonómico en un plebiscito sobre él.












