Correos comprometedores de la princesa Mette-Marit de Noruega con el pederasta Jeffrey Epstein revelan un nuevo escándalo real
Oriana Rivas.- Puede que el nombre de Mette-Marit no resuene demasiado en Occidente. Sin embargo, no significa que sea una desconocida. La mujer de 52 años es la princesa de Noruega y heredera al puesto de reina consorte. Hace pocas horas pasó a estar en el ojo del huracán por una entrevista que dio sobre el fallecido pederasta Jeffrey Epstein. Y es que la representante de la Corona noruega figura entre las tres millones de páginas publicadas el mes pasado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos.
Ambos intercambiaron cientos de correos entre 2011 y 2014. El problema, más allá de conversar con Epstein, es que el también empresario ya era un delincuente sexual cuando se escribían (la primera condena que recibió por parte de la Justicia fue en el año 2008). Además, el tono no era institucional, sino cercano, mientras que algunos mensajes lucían inapropiados para alguien en su posición. Por eso, decir en televisión nacional que se sintió «manipulada», lleva su imagen pública al abismo.
Hay quienes comparan sus declaraciones con las del expríncipe Andrés de Inglaterra, quien quedó marginado de la vida pública, perdió títulos militares y dejó de usar “Su Alteza Real” en funciones oficiales por negar haber abusado sexualmente de Virginia Giuffre, a pesar de que existe una foto de ambos.
La periodista Emily Maitlis, de la cadena BBC, le planteó una parte muy específica de la acusación: Giuffre había dicho que cuando supuestamente tuvo relaciones con él en Londres (2001), él estaba sudando mientras bailaban en una discoteca llamada Tramp. El entonces miembro de la realeza británica dijo que en esa época él «no sudaba» debido a una condición médica tras un episodio de estrés durante la Guerra de las Malvinas. Su defensa sonó absurda ante millones de televidentes.
Qué dijo la princesa de Noruega en la entrevista
Lo cierto es que el caso Epstein abrió un capítulo turbio dentro de varios círculos de poder dentro y fuera de Estados Unidos. Es decir, no solo se trata de los vínculos del fallecido pederasta con el expresidente demócrata de EE. UU. Bill Clinton, sino con toda una cúpula de diplomáticos extranjeros y empresarios.
Las amistades alcanzaban tal nivel que, en el caso de la princesa heredera de Noruega, esta se alojó en la casa que Epstein tenía Palm Beach, Miami, durante cuatro noches en enero de 2013 mientras él no estaba allí. Pero ahora, con su última entrevista, solo logró empeorar su imagen alrededor del escándalo. En 2011, tres años después de que Epstein fuera encarcelado, le escribió: «Te busqué en Google después del último correo electrónico. Estoy de acuerdo en que no se veían bien las cosas».
«No sabía que (Epstein) era un delincuente sexual o un depredador», afirmó sentada durante la entrevista junto a su esposo, el príncipe heredero Haakon, Mette-Marit; y a pesar de que el periodista mencionó un artículo de sobre Epstein publicado en aquel momento, el cual dejaba claro que era un abusador convicto. «No puedo recordarlo; fue hace 15 años», dijo. El escándalo en Noruega es total por estas palabras que podrían catalogarse de negligentes.
También podrían trazarse paralelismos con las declaraciones que dio Clinton frente a un comité de la Cámara de Representantes el mes pasado. Su excusa fue que de niño sufrió abuso doméstico y que por eso no habría volado en el avión de Jeffrey Epstein si «hubiera tenido la menor idea de lo que estaba haciendo». Pero el exmandatario aparece en fotos dentro de un jacuzzi y siendo masajeado por una mujer presuntamente relacionada al criminal sexual.











