Servir antes a Pedro Sánchez que a los vecinos de Casarrubios del Monte
Vecino de Casarrubios del Monte (Remitido).- De un tiempo a esta parte, en Casarrubios del Monte (Toledo) se repite una conversación que ya no distingue ideologías ni generaciones: la sensación de que el alcalde y diputado sanchista, Jesús Mayoral, ha dejado de escuchar lo cercano y solo cifra sus expectativas de hacer carrera política a la sombra de un partido que durante 7 años ha estado execrando esta gran nación.
En Casarrubios del Monte hay mucha gente que tiene miedo a expresar su opinión contra el alcalde. Una red de estómagos agradecidos y oídos nada sordos permanecen al acecho de cualquier voz discrepante, como en los peores años del frentepopulismo. Aún así, los vecinos comentan cada vez con más frecuencia que el alcalde pasa más tiempo en despachos lejanos que recorriendo las calles de un pueblo que le aupó al poder gracias a una extensa red de clientelismo. No es raro verlo fuera del municipio en actos, reuniones y compromisos vinculados al sanchismo, defendiendo intereses que poco tienen que ver con los de sus vecinos. Y ahí es donde surge la primera gran duda: ¿se puede servir bien a un pueblo cuando se tienen demasiadas lealtades fuera de él?
Porque gobernar un municipio no debe ser tarea fácil para alguien que, como Jesús Mayoral, ha formado parte de esa casta depredadora y parásita que ha vivido siempre de lo público. Lejos de ocuparse de que las calles estén limpias, de que el alumbrado funcione, de que los vecinos no teman por su salud cuando consumen agua en sus hogares, de que los empresarios encuentren atractivos suficientes para invertir en el pueblo, de que el dinero público no sea dilapidado en obras superfluas y populistas, de seguir dando la espalda al polígono industrial (nuestro principal polo de desarrollo), de que los casarrubieños sientan que alguien responde cuando llaman a la puerta del ayuntamiento, el alcalde sanchista hace tiempo que dejó de estar presente.
En Casarrubios del Monte, el abandono ya no es una percepción, sino una realidad. Calles sucias y en mal estado, decenas de inmuebles en estado ruinoso, servicios que se retrasan, promesas que no se cumplen, vecinos sin trabajo, jóvenes sin futuro alguno en el pueblo. Y todo porque al alcalde le importa mucho más parapetar políticamente a Pedro Sánchez en el Congreso que lo que ocurre en su pueblo.
Algunos socialistas defienden que es positivo que un alcalde tenga proyección más allá del municipio. Pero esa doble función exige una responsabilidad aún mayor: no descuidar nunca el origen. Cuando esa balanza se rompe, el cargo local deja de ser una vocación y pasa a ser un escalón.
El problema no es la ideología, sino la desconexión, el desprecio a la oposición. Un pueblo como el nuestro no se gobierna a la sombra del sanchismo, ni con sectarismo, ni con consignas, ni con la opacidad como fórmula de gobierno.
En definitiva, Casarrubios del Monte tiene la desgracia de tener un alcalde mediocre e ineficiente que antepone la supervivencia del sanchismo al bienestar de sus vecinos.












