Tarde importante de Tomás Rufo en Fallas
La víspera del día de San José, un cartel interesante: un mano a mano de dos de los diestros que están mostrando más entrega y cualidades para ser primeras figuras, Borja Jiménez y Tomás Rufo. Lo vimos ya hace poco en Valdemorillo y supongo que lo veremos más veces, esta temporada. Los toros son de Domingo Hernández, una divisa consagrada, que fue favorita de El Juli.
Esta tarde, las reses salmantinas dan un juego irregular pero, en general, son manejables. Los dos jóvenes diestros no regatean su entrega pero, «por fas o por nefas» (decían los revisteros), sólo Tomas Rufo corta una oreja, en el último.
A Borja, muy poderoso, le falla lamentablemente la espada, como ya le ha sucedido en otras ocasiones.
A Tomás, le piden la oreja en sus tres toros pero la Presidenta se la niega, en los dos primeros. En el segundo toro, la colocación de la espada puede justificarlo. En el cuarto, yo estaba seguro de que la iba a conceder pero me equivoqué: todavía no he entendido la razón de la negativa. Eso provoca una reacción del torero y del público: en el último, después de un trasteo emocionante y de una valerosa estocada, Rufo corta por fin la oreja y el público valenciano le obliga a dar tres vueltas al ruedo.
El sevillano Borja Jiménez, discípulo del maestro Espartaco, da la cara todas las tardes, con una loable actitud, sin importarle la categoría del coso. Su gran apuesta son los seis toros que matará al final de San Isidro: hace poco, ha presentado esta corrida, titulada «In memoriam de Ignacio Sánchez Mejías», en Pino Montano, el cortijo del gran torero, que tuvo un papel tan decisivo en el nacimiento de la Generación del 27. (Lo de «In memoriam» parece destinado al ministro Urtasun. Podría cantar el precioso bolero de Manuel Alejandro: Procuro olvidarte).
Pase de pecho de Borja Jiménez a ‘Azulado’, su primer toro de la tarde
En el primer toro, cinqueño, manejable, que se quiere rajar, Tito Sandoval apenas señala el castigo; Iván García le gana la cara con guapeza. Sin ninguna duda, Borja Jiménez se muestra poderoso, dominador; lo mejor, una serie al natural. Creo que el toro pedía más distancia. Mata mal, vertical, entrando desde muy lejos.
Va a porta gayola Borja en el tercero, noble, obediente, justo de fuerzas. Vemos ahora el cuarto quite por chicuelinas de la tarde: es demasiado… El toro cumple en varas. Comienza el diestro con los habituales cambiados por la espalda; se muestra muy poderoso, con muletazos de mano baja. Por el deseo de triunfo, quizá ha atacado demasiado y demasiado en corto a un toro que pedía más distancia y más suavidad. Falla de nuevo con la espada.
Miden el castigo al quinto pero el toro se cruza, en banderillas, y dura muy poco, en la muleta: después de una serie poderosa de Borja, el animal se viene abajo. Le ha faltado toro. Y reincide en el mal uso de la espada.
No ha estado mal esta tarde Borja Jiménez pero se va con tres silencios: no puede estar satisfecho. Ha de moderar sus ansias, que a veces le hacen acelerarse; no debe querer imponer su faena a todos los toros. Aunque la masa aplauda los arrimones, muchos toros exigen darles distancia. Y, por supuesto, ha de cambiar su forma de entrar a matar.
Con todo el respeto que me merecen dos profesionales como él y como su apoderado, no entiendo que se empeñe en matar de esa forma, entrando desde tan lejos: así, da tiempo a que el toro levante la cabeza, cuando él llega, y se tape, con evidente riesgo. Ahora, además, ha cogido el tranquillo de levantar mucho el codo, para sortear los pitones levantados: así, parece casi inevitable que la espada quede perpendicular y no sea certera. ¿Cómo no lo advierte? Le he escuchado a Borja decir que él lo ve así… Creo que el fallo con la espada le está privando de muchos éxitos.
Viene de repetir su triunfo en la Magdalena de Castellón Tomás Rufo, que también fue el triunfador en Fallas, el año pasado. El segundo toro empuja bien en el caballo de Manuel Jesús Espartaco, que pica en el sitio justo. Tomás corre bien la mano pero el toro es pegajoso, vuelve rápido; dándole distancia, embiste mejor y Rufo logra muletazos casi circulares; en corto, el toro protesta, aunque el diestro aguanta. Con el toro distraído, la espada queda desprendida. Supongo que ése es el motivo de que la Presidenta no conceda el trofeo.
El cuarto, colorado, muy bonito, era el preferido por los profesionales. Una vez más, se demuestra que las hechuras no garantizan el buen juego de un toro… El motor importa mucho más que la carrocería. Le pegan al toro muy poquito pero sale suelto, distraído, con tendencia a chiqueros. Desde el comienzo, Rufo se muestra firme, lo mete en la muleta, aunque proteste. Las embestidas son muy irregulares. A pesar de eso, el diestro logra naturales largos, mandones. Suena el aviso durante el largo trasteo, rematado con una buena estocada. Ni el público (incluido este humilde aficionado) ni el diestro comprenden por qué la Presidenta niega también este trofeo. Indignado, el torero da una vuelta al ruedo clamorosa.
Vuelve a ir a portagayola en el último (ya lo había hecho en el primero), cinqueño, muy serio: ha de cambiar el viaje del toro a última hora y encadena dos largas de rodillas más, en el tercio. Con un toro que mansea, barbeando tablas, Rufo nos sorprende meciendo el capote en unas estupendas verónicas, que ponen al público en pie. El toro huye del caballo, embiste a oleadas. El diestro brinda al público y acierta: muy firme, sin una sola duda, lo mete en la muleta desde el comienzo; le arranca naturales; aguanta parones, cuando el toro se apaga; acaba la faena por bajo, con estética. Se vuelca, al matar, jugándosela de verdad, aunque la colocación de la espada es defectuosa. Esta vez, la Presidenta no se atreve a negarle la oreja: si lo hubiera hecho, no sé cómo habría reaccionado este apasionado público, que pide clamorosamente la segunda oreja y la obliga a Rufo a dar tres vueltas al ruedo.
Ha vivido Tomás una tarde difícil y ha logrado sobreponerse. Aunque haya cortado solamente un trofeo, puede salir satisfecho. No olvidará fácilmente esta tarde: está en el buen camino.
POSTDATA. Siempre se ha dicho que, para matar bien, hay que hacerlo «en corto y por derecho». La teoría clásica me parece absolutamente válida. En el interesantísimo libro de entrevistas a toreros que acaba de publicar Nacho de la Serna, De barro y oro (ed. El Paseíllo), recoge un consejo que recibió Luguillano: «Santiago, ponte cerca del toro y, cuando baje la carita, pasa rápido. Y, aunque estés en Madrid, acuérdate de mi, busca mi rincón y te llevarás las orejas». Le dio ese consejo Antonio Ordóñez, que algo sabía de esto…
FICHA
VALENCIA. Feria de Fallas. Miércoles, 18 de marzo. Lleno aparente: 9.500 personas. Toros de Domingo Hernández, de juego irregular; en general, manejables.
BORJA JIMÉNEZ, de azul y oro, dos pinchazos y estocada (silencio). En el tercero, pinchazo y estocada perpendicular desprendida (aviso, silencio). El el quinto, pinchazo y estocada (silencio).
TOMÁS RUFO, de verde hoja y oro, estocada desprendida (petición y vuelta). En el cuarto, buena estocada (aviso, petición y vuelta, bronca a la Presidenta). En el quinto, estocada trasera (oreja, petición de la segunda y tres vueltas al ruedo).












