Quo vadis, Vox?

El presidente de VOX, Santiago Abascal, junto con el candidato Carlos Pollán durante su visita la localidad de Treviño, en Burgos, este miércoles durante la campaña electoral de las elecciones regionales de Castilla y León.
Juan Van-Halen.- Me referiré sólo de pasada a las elecciones del domingo. Esas urnas han desterrado algunos sueños. El primero, acaso, de Vox. Daba por hecho que superaría el 20 %. Buen resultado, sí, pero ni mucho menos el esperado. A ese optimismo puede llegarse desde una formación cerrada y dedicada a mirarse el ombligo. Supongo, y deseo, que Vox reflexione. Es un partido al que respeto desde el conocimiento, en otro tiempo, de sus fundadores, del padre de Abascal y de él mismo cuando ocupaba un cargo en la Comunidad de Madrid presidida por Esperanza Aguirre. Es el momento de la reflexión desde la realidad, sin alharacas.
Me sorprende el giro extraño en las estrategias de Vox. Un viejo y admirado amigo, votante de Vox, me comentaba que con un 20 % de votos en elecciones generales no sería posible un Gobierno del PP. ¿Se trata de eso? Vox debería contestarse qué quiere ser de mayor, y no bailar la yenka, unos pasitos adelante y otros atrás. Votando contra el PP, junto al sanchismo y la izquierda más radical, no parece complacer a sus votantes. A quienes deseamos que Sánchez salga de Moncloa, no nos gustan las guerritas entre quienes, juntos, lo harían posible.
¿Qué ha ocurrido en Vox? Puede que esté claro. El partido vive una situación interna nada halagüeña. Las purgas siempre pasan factura. El último expulsado ha sido Ignacio Ansaldo, carné número 1 de Vox, concejal en Madrid. Su reacción fue breve: «Hoy me han echado de mi partido». Él y la también concejal expulsada Carla Toscano, son reos de compartir criterios con Ortega Smith, durante muchos años íntimo amigo y colaborador de Abascal. Cuando venía a Madrid incluso dormía en su casa.
Lo principal es saber si Vox es lo que era: la esencia de los valores perdidos por el PP, desde decisiones incomprensibles de Rajoy o de alguno de sus cercanos. Lo cierto es que Vox se ha convertido en la mejor baza de Sánchez. Gran contradicción: criticaban que el PP no era fiel a sus principios y Vox renuncia a los suyos, como denuncian Antelo, Ortega Smith, y antes lo hicieron Olona, Espinosa de Monteros, Monasterio, García-Gallardo, Sánchez del Real, Manso y Steegmann, entre otros. De los fundadores sólo queda Abascal. Un eurodiputado voxiano sentenció: «En el PP si se es brillante te matan». Lo que ocurre en Vox. No opinaré, dejaré la palabra a personajes de ese partido.
Opiniones de Ortega Smith: «El presidente actual de Vox no está defendiendo las razones por las que se fundó el partido». Algunos «se han vuelto completamente locos» cuando es urgente la unidad ante la situación del país. «Son cuatro los que mueven los hilos en el partido y quienes están sacando beneficios con un proyecto político» aunque «nadie les haya votado» y «si se presentasen a unas elecciones no les votaría nadie». El objetivo de la fundación del partido era «exclusivamente el servicio de los españoles no para el beneficio personal de nadie». Los cuatro que mandan en Vox «están haciendo pingües beneficios en este proyecto a costa de la buena voluntad de tantos que nos hemos dejado doce años de nuestra vida por Vox para que vengan a buscar la comodidad económica que en su vida han encontrado». «No han tenido dos euros juntos en su vida y cuando los han tenido los han perdido; han visto en la política un trampolín perfecto para tener una vida que jamás pudieron soñar».
Opiniones del general Antonio Budiño, uno de los fichajes militares del partido de Abascal: «Vox se ha convertido en un… alguien lo llama chiringuito, otros lo llaman negocio». «Los que éramos leales, cercenados; y los que eran serviles, premiados». El general se dio de baja denunciando que Vox «se había convertido en algo de unos cuantos donde ni había transparencia ni libertad de expresión».
Opiniones del general Agustín Rosety, que fue diputado de Vox. Se dio de baja por discrepancias con la deriva de la formación: «Ser un patriota no es elegir las alianzas de tu país por afinidades ideológicas. Ser un patriota es poner siempre por delante los intereses nacionales, no la ideología».
Es deseable una aclaración de Vox. Son duras acusaciones de uno de los históricos, Ortega Smith, carné número 6 del partido (el 4 es Abascal y el 5 Ortega Lara) y de dos prestigiosos generales cuando Vox buscaba unir a sus siglas valores castrenses. Según Ortega Smith, expulsado, pero con memoria, Vox ya no defiende sus principios fundacionales sino intereses económicos. Los votantes buscan que acabe la tragicomedia de Sánchez, no que Vox quiera demostrar que su meada llega más lejos. Cuando decides romper la baraja, puede que la única baraja que se rompa sea la tuya. Pensemos en el final de C´s, del CDS y de UPyD. Y ahora la debacle de Sumar y Podemos.
Una contradicción entre la realidad del país y la ficción de Vox es que, cuando puede resultar decisivo, no se moja, y no apuntala la salida de Sánchez de Moncloa, más bien favorece su estrategia. Abandonó sus tareas de Gobierno en cinco comunidades acaso para que no evaluásemos si estaba preparado para ello. ¿Quién lleva el timón de Vox? Esos sombríos mandamases no dan la cara. ¿Qué buscan y qué han pactado? ¿Hay otros intereses detrás? Abascal acaso no se lo pregunta. O conoce la respuesta. Quo vadis, Vox?











