Feijóo es el vencedor, sobre todo moral, de los comicios del domingo y exige poner fin al bloqueo
Unas elecciones son un pequeño terremoto y luego hay réplicas: digestión política de los resultados de lo de este domingo. ¿Cuál es la reacción seguramente más interesante de todas las que han pasado después de las elecciones? Bueno, la que lleva a pensar que este 2026 será el año en el que PP y Vox deberán decidir qué hacen con lo suyo después de haber estado demorando los acuerdos de Extremadura y Aragón.
Vox, durante semanas, ayer Santiago Abascal —por cierto con otro tono, no con ese tono de permanente enfadado, cabreado, nunca se sabe bien por qué, como si se le debiera algo, chulo con más potencia de la debida— no, el tono era normal, diferente, como habla Santiago Abascal cuando hablas con él, que es un tipo normal, habla normal y razona normal. Pues ayer anunció su disposición a formar parte de los gobiernos en las tres comunidades autónomas.
Estaba contrariado, seguramente sí, pero hay que reconocerle, a diferencia de Sánchez, que contestó a todas las preguntas que se le hicieron. A Abascal le ha hecho daño la campaña del PP denunciando su aversión al compromiso y al pacto, la aversión al pacto que tienen y que han demostrado en las elecciones anteriores en Extremadura y Aragón. Pero sobre todo también le molesta que los resultados de Castilla y León han venido a darle la razón a sus críticos.
El anuncio de Abascal se producía casi a la misma hora en la que Feijóo, desde Génova, animaba a los de Vox a no demorar más los acuerdos. Feijóo es el vencedor, sobre todo moral, de los comicios del domingo y exigió por responsabilidad poner fin al bloqueo de los tres gobiernos autonómicos. Los populares no se niegan a dar entrada a Vox. ¿Cómo lo vas a negar? No has conseguido mayoría absoluta.
Hay otro grupo político que también está más o menos en unas coordenadas políticas parecidas a las tuyas. Tienes que pactar con él, tienes que darle entrada. Pero Vox tiene que querer gobernar y decidir las cosas de comer, mancharse y, por tanto, correr el peligro de que algunos se disgusten con él.
Cuando tú tienes que decidir el horario de los autobuses o de la recogida de basuras o el precio que le pones al permiso de circulación de tu municipio, estás eligiendo, estás tomando decisiones, estás haciendo política. Y eso a unos les parecerá bien y a otros mal, pero bueno, te manchas. Claro, es muy cómodo estar en la bancada de enfrente pegando voces y haciéndote permanentemente el enfadado, el ofendidito.
Eso se tiene que acabar. Así se deben desatascar las negociaciones cuanto antes. ¿Por qué? Porque las andaluzas están en el horizonte y esas van a ser la madre de todas las elecciones. La fecha más probable parece el 31 de mayo, pero porque ahí hay varias cosas: el calendario festivo, si las ferias, que si el Rocío, que si la visita del Papa, que también condiciona.
Pero el Papa no va a Andalucía, aunque muchos andaluces iban a ver al Papa. Ya le digo que la digestión pesada para muchos es la digestión que tiene que hacer la extrema izquierda después de las elecciones en Castilla y León, porque va a ser de padre y muy señor mío con Sánchez. Han conseguido que sus votantes voten directamente a Sánchez en vez de votarles a ellos.
Hoy cuenta Fernández Miranda en El Confidencial que en muchos chats internos se aboga claramente por salir del gobierno y marcar diferencias con Sánchez porque van a acabar fagocitados por él. Es que Sánchez es igual de extrema izquierda que ellos y posiblemente igual de inútil que ellos.
Hay una cifra que refleja a la perfección el hundimiento de la extrema izquierda desde su apogeo en aquel gran cuento que fue el 15M. En 2015 llegaron a tener en los parlamentos autonómicos 182 diputados; ahora tienen apenas 58. Bueno, señoría, no tengo más preguntas.











