Del PSC al PP, de Ciudadanos a Vox… El increíble hombre menguante (de ideología): La odisea del converso Juan Carlos Girauta
No hay nada más cómico en política que el fanatismo del converso. Hay personas que cambian de camisa, otras que cambian de coche, y luego está Juan Carlos Girauta, que cambia de partido con la misma ligereza con la que uno cambia de canal al aburrirse de un debate político. El exlíder de Ciudadanos, ex-PSC (sí, hubo un tiempo), ex-PP y ahora flamante fichaje de Vox para las europeas, ha demostrado que las convicciones son como las dietas: están hechas para romperse un lunes por la mañana.
Ex ideólogo de Ciudadanos, el partido defensor del aborto, que abrazó con fervor de jeremías la ideología de género, la agenda homosexista y el acuerdo de gobierno con Pedro Sánchez tras las elecciones generales de 2016, la banda de oportunistas liberales que colocó al frente de sus listas al Parlamento europeo a Luis Garicano, el hombre de Soros en España, Juan Carlos Girauta se muestra hoy extremadamente ofensivo y faltón con los miembros de la “derechona” (así la describe) que han dado la espalda en Castilla y León al espalda al partido de Abascal y de la familia Ariza. Como si no fuera suficiente razón para esta deserción electoral los bloqueos políticos de Vox a gobiernos de centro derecha, el lacayismo hacia Trump (aún en contra de los intereses nacionales) y las purgas internas al más puro estilo estalinista. Hay algo particularmente inquietante en el fanatismo del converso Girauta. No es el militante que ha crecido dentro de una tradición política ni el ciudadano que defiende una idea tras años de reflexión. Es otro fenómeno: el del recién llegado que abraza una causa con la furia de quien necesita demostrar, constantemente, que pertenece a ella.
Los conversos políticos como Girauta necesitan enemigos. Su nueva fe ideológica exige pureza absoluta, y cualquier matiz se convierte en sospecha. Lo que ayer le parecía complejo hoy se vuelve simple: buenos contra malos, pueblo contra traidores, verdad contra mentira.
Su recorrido es un monumento al “donde dije digo, digo Diego”. Pasó de pactar con el PSOE a ser la voz liberal de Ciudadanos, para luego —tras el naufragio naranja— descubrir que su verdadero hogar estaba en la extrema derecha de Vox. Es una metamorfosis tan rápida que ni Kafka hubiera imaginado.
¿Críticas a Vox? ¿Discursos moderados? ¡Bah! Todo eso es parte de un pasado lejano. Ahora Girauta cabalga de nuevo, o más bien, se sube al último tren que pasa por Bruselas, asegurándose un asiento cómodo tras haberse quedado a la intemperie política. La consistencia no es más que la virtud de los que no han encontrado un sueldo mejor.
Resulta irónico, por no decir hilarante, ver a alguien que se consideraba un estratega intelectual terminar en un partido al que antes miraba por encima del hombro. Pero, ¿qué más da? La política moderna no va de coherencia, va de volantazos.
Girauta ha demostrado que la ideología es simplemente el traje que mejor queda para la foto en cada momento. Y si la foto cambia, él se cambia de ropa. A la espera de ver cuál será su siguiente parada tras Vox —quizás el PACMA o la extrema izquierda, quién sabe—, solo queda aplaudir la increíble capacidad de adaptación de un político que, de tanto buscar su sitio, ha terminado por no tener ninguno fijo.











