La tierra quemada que dejará el sanchismo cuando haya relevo (Video comentario de Joaquín Abad)
España está siendo víctima de una estrategia de tierra quemada en toda regla. Pedro Sánchez y su banda no se van a ir en silencio.Se van a ir dejando un país en ruinas, un erial imposible de reconstruir en años. Y lo hacen a propósito, o por pura incompetencia criminal. Da igual: el resultado es el mismo. Un desastre absoluto.
Gobernar a cualquier precio
La carrera política de Sánchez ha estado marcada por una constante: la supervivencia política. Tras ser apartado de la dirección del Partido Socialista Obrero Español en 2016, logró regresar al liderazgo del partido contra casi todo el aparato interno. Aquella victoria fue interpretada por muchos como el nacimiento de un nuevo estilo político dentro del socialismo español: más personalista, más confrontativo y mucho más orientado a la lucha por el poder.
Dos años después, el líder socialista llegaba al Gobierno gracias a una moción de censura que desalojó del poder a Mariano Rajoy, entonces presidente y líder del Partido Popular. Aquella operación parlamentaria fue perfectamente legítima dentro del sistema democrático, pero también marcó el inicio de una etapa política en la que el Gobierno dependería constantemente de alianzas frágiles y cambiantes.
Desde entonces, la política española se ha convertido en una negociación permanente para sostener mayorías parlamentarias inestables.
La política de tierra quemada tiene un problema evidente: puede funcionar en el corto plazo, pero sus consecuencias a largo plazo son mucho más difíciles de controlar.
Cuando el consenso desaparece, cuando las instituciones se convierten en terreno de disputa y cuando el adversario es presentado como un enemigo irreconciliable, el sistema político empieza a perder uno de sus elementos fundamentales: la confianza mutua entre actores democráticos.
Ese es el riesgo que algunos analistas ven en la política española actual. Un país donde la lucha por el poder se ha vuelto tan intensa que, en ocasiones, parece dispuesto a sacrificar el terreno común sobre el que se sostiene la propia democracia.
Y en ese escenario, la metáfora de la tierra quemada deja de ser solo una figura retórica para convertirse en una advertencia.











