David de Miranda, el único que ha cortado oreja en el primer festejo de la Feria de Fallas
Luce un sol deslumbrante y Valencia comienza a celebrar unas Fallas multitudinarias. Después de una tragedia, este pueblo sabe reaccionar, recupera el trabajo y la alegría.
Las Fallas son una Fiesta popular en el mundo pero el exceso de éxito crea también problemas (lo mismo está sucediendo en la Feria de Abril y en San Fermín). Hace tiempo que se suprimió el utilísimo autobús-lanzadera entre las dos estaciones de tren: ¿por qué? No consigo entenderlo. Este año, todo se ha complicado con una huelga de Metro y con una limitación al servicio de Cercanías, al mediodía. A las 12 de la mañana, la policía nos impide ya caminar hacia el centro, viniendo de la Estación, por la calle Bailén. ¿Habrá que trasladar la mascletá a otro lugar menos céntrico pero más amplio o se pondrá un antipático «numerus clausus» a algo que siempre ha estado abierto a todos? Las medidas de seguridad son forzosas pero no es fácil encontrar el equilibrio para atraer a tantos visitantes; sobre todo, a los turistas de cierto nivel.
Después del aperitivo de las novilladas, comienzan este viernes los platos fuertes, las corridas de toros. Las raíces taurinas del pueblo valenciano son muy profundas: se advierte en la Plaza y en el enorme auge de los festejos populares. La historia de este coso es gloriosa. Por aquí han pasado todas las primeras figuras de la historia del toreo Las Fallas sigue siendo la primera Feria de la temporada en una Plaza de primera categoría: para los toreros, supone un primer examen, aunque la benevolencia de este público festero lo suavice todo.
En la Magdalena, la ganadería La Quinta lidió una corrida noble, con un toro excelente, bien aprovechado por Ginés Marín. Volvemos a ver esta tarde estos toros cárdenos, de la ilustre estirpe de Santa Coloma, la predilecta de Paco Camino, que este año van a estar en todas las grandes Ferias.
De los de esta tarde, de bella estampa, sólo han respondido a las expectativas de casta y fuerza los dos primeros. Y sólo David de Miranda ha conseguido cortar un trofeo, en el último.
El malagueño Fortes es hijo de la torera Mary Fortes. En su primera etapa, sufrió varios graves percances. Últimamente, ha mostrado una importante evolución: torea más clásico y le cogen menos los toros. Una faena de verdad artística, en San Isidro, le abrió las puertas de muchas Ferias y atrajo el interés de muchos aficionados.
El primero, el único cinqueño, aplaudido de salida, va bien al caballo, empuja dos veces. Es encastado pero humilla poco. Después de doblarse con torería, Fortes liga derechazos clásicos. La faena es desigual, como las embestidas, pero tiene clasicismo y emoción. Por la izquierda, el toro ya se apaga. Acaba Saúl citando de frente, con los pies juntos. Ha habido notables muletazos, con buen concepto clásico, pero no ha redondeado la faena. La espada cae claramente baja, chalequera, pero muchos la aplauden: así está este público. Suena el aviso, antes de una buena estocada. Aplauden al toro, en el arrastre.
Recibe Fortes con un recorte de rodillas en el tercio al cuarto, que queda corto, en el capote. Como flaquea, lo pican muy poco, levanta protestas pero lo aguanta la Presidenta. Brinda a Enrique Ponce, tan querido aquí, pero la gente está de uñas con este toro y con razón: el buen estilo de Fortes se estrella contra la flojera del animal. Mata con facilidad, desprendido.
Román Collado, con el primero de su lote este viernes en Valencia
El valenciano Román lleva tres años seguidos abriendo la Puerta Grande de esta Plaza. Le caracteriza una permanente sonrisa, como si no diera importancia a lo que hace. En el segundo, de preciosa estampa, careto, lucero, bragado, meano, dibuja suaves lances. El toro va bien al caballo pero falla el picador. Clava un gran par Fernando Sánchez, con exposición, porque el toro aprieta. Román lo llama de lejos, desde el centro: el toro acude galopando y los largos muletazos tienen emoción. El diestro ha tenido el mérito de darle distancia, luciendo al toro, que sale de la muleta con la cara alta pero transmite mucho. Mata con decisión pero la espada queda trasera y perpendicular: petición cariñosa de los paisanos, no atendida, y aplausos al toro.
Sale el quinto con pies. Román lo recibe de rodillas en el tercio. Lo cuidan, en varas. Vuelve a lucirse Fernando Sánchez, andándole al toro, como hacían los grandes banderilleros valencianos. Román le da distancia y conduce con suavidad las nobles embestidas pero el toro se aburre pronto, protesta, sale con la cara a media altura. La faena se queda en vistosa. El público agradece la entrega del paisano pero pincha antes de una estocada corta y el posible trofeo se esfuma.
Por la mañana, a la puerta de la Plaza, he saludado al maestro Enrique Ponce, ídolo de esta Plaza y de muchas más. En el festival de homenaje a Antoñete, demostró que se conserva como si estuviera en activo pero tomó ya la sabia decisión de retirarse y está iniciando su camino como apoderado: muy pocos pueden tener hoy tanta experiencia y conocimientos como él.
Guía ahora la carrera del onubense David de Miranda, un diestro de una línea muy diferente a la suya. Su triunfo rotundo en la última Feria de Abril le ha abierto muchas puertas, este año, y ha comenzado con un gran éxito en Olivenza. Su secreto es muy claro: quedarse muy quieto, estoico, impasible. Hace un tipo de toreo vertical, amanoletado, que llega con facilidad al público porque tiene un claro riesgo. La duda es si será capaz de seguir toreando así a reses de distintas condiciones y que los toros lo respeten.
Flaquea mucho el tercero y lo devuelven. El sobrero, con menos kilos, gusta poco al público: va y viene, sin fijeza; echa la cara arriba y protesta, en el caballo; embiste rebrincadito. Se deja torear, sin más, pero dice muy poco. El trasteo de David se queda en voluntarioso. Mata mal: a la segunda y caído.
El sexto va bien al caballo pero lo pican mal. David de Miranda no se acopla con el capote. Tampoco los banderilleros aciertan. El toro es muy manejable pero soso, acaba embistiendo a cámara lenta. El diestro lo aprovecha a medias. En un momento de encimismo, tiene que salir por pies. Calienta al público al final con algunos lentos naturales y unas efectistas manoletinas. Estocada: generosa oreja. Esta tarde, no ha tenido toros para asustar al público con su impávida quietud.
Sólo los dos primeros toros de La Quinta han sacado la casta que esperábamos. Los demás, han flaqueado o se han quedado en manejables. Ya he escuchado las habituales disculpas: «Es lógico, con lo que ha llovido, este invierno». ¿Cuántas veces lo volveremos a escuchar, a lo largo de la temporada? Me temo que unas cuantas…
Salvo en los dos primeros, hemos visto poco toro y poco toreo. El festivo público valenciano ha salido contento porque ha logrado que se cortara una oreja, en el último. ¿Cuántas orejas exigirá que se concedan mañana, que llegan las primeras figuras? Se admiten apuestas.
POSTDATA. El valenciano Sorolla es un artista absolutamente extraordinario. Mi amigo Antonio Buero Vallejo, que conocía bien la técnica de la pintura, me contaba su predilección por dos pintores: Velázquez y Sorolla. Ahora, en la Fundación Bancaja de Valencia hay una gran exposición de obras de Sorolla, procedentes de su museo madrileño, cerrado por obras. Y se anuncia la llegada a Valencia de cerca de doscientas piezas de Sorolla, procedentes de la Hispanic Society de Nueva York. Huntington, enamorado de la cultura española, le encargó una serie de cuadros sobre provincias españolas y eso fue decisivo para su consagración internacional.
Entre esos cuadros hay dos, de tema taurino. «El encierro» muestra una escena del campo andaluz, con garrochistas a caballo, conduciendo los toros. (Sorolla estuvo visitando la ganadería de Miura). Es insólita la perspectiva frontal del otro cuadro, titulado «Saludo de la cuadrilla». Se ha identificado a los toreros que aparecen en él como Juan Belmonte, Frascuelo, Mazzantini y el francés Félix Robert. (En realidad, los cuatro no pudieron coincidir en el mismo paseíllo). Sorolla, un gran pintor mediterráneo, enamorado de la luz y del color, no podía ser insensible a la belleza única de una hermosa tarde de toros.
Ficha
Valencia. Feria de Fallas. Viernes 13 de marzo. Dos tercios de entrada.
Toros de La Quinta (el tercero, sobrero), cárdenos, de bella estampa, de juego variado: encastados, los dos primeros; justos de fuerza y casta, los demás.
FORTES, de rosa y oro, pinchazo bajo, estocada y dos descabellos (aviso, silencio). En el cuarto, estocada desprendida (silencio).
ROMÁN, de azul marino y oro, estocada trasera y perpendicular (petición y saludos). En el quinto, pinchazo, estocada corta y dos descabellos (aviso, palmas).
DAVID DE MIRANDA, de grana y oro, pinchazo y estocada baja (silencio). En el sexto, estocada (oreja).












