El doble rasero ideológico de la UEFA y su postura selectiva con los símbolos comunistas
Bertín Castañón.- La UEFA ha sancionado al Real Madrid con 15.000 euros y la amenaza de cerrar parcialmente el Santiago Bernabéu después de que un aficionado realizara el saludo nazi durante un partido de Champions contra el Benfica.
El club expulsó inmediatamente al socio identificado y abrió un procedimiento para retirarle definitivamente el carnet, pero aun así el organismo europeo decidió imponer una sanción disciplinaria.
Hasta aquí el caso parece claro: el saludo nazi es un gesto asociado al racismo y al extremismo y, por tanto, incompatible con los valores que la UEFA afirma defender en el fútbol europeo.
Sin embargo, la polémica surge cuando se analiza cómo se aplican esas normas, porque lo que parece claro es que la UEFA practica una postura ideológica selectiva. Es decir, mientras los símbolos nazis son perseguidos con rapidez y severidad, en cambio, los símbolos comunistas o de regímenes autoritarios de izquierdas aparecen en estadios europeos sin provocar sanciones equivalentes.
La crítica no consiste en defender el nazismo —algo que los propios autores suelen rechazar explícitamente—, sino en cuestionar por qué solo un tipo de totalitarismo se considera inaceptable en el fútbol europeo.
El siglo XX estuvo marcado por dos grandes sistemas totalitarios: el nazismo, responsable del Holocausto y de la Segunda Guerra Mundial; y los regímenes comunistas autoritarios en países como la Unión Soviética o la China de Mao, asociados a purgas, gulags y hambrunas masivas.
Desde esta perspectiva, permitir simbología de uno mientras se prohíbe la del otro sería una forma de memoria histórica selectiva.
La idea de que el fútbol europeo se ha convertido en un escenario de disputas culturales y políticas se instala cada vez en más aficionados.
Creen que organizaciones como la UEFA han asumido un papel que va más allá de lo deportivo, actuando como árbitros morales o ideológicos dentro del deporte.
Según esta visión, el problema no sería sancionar el saludo nazi —algo que casi nadie discute—, sino la percepción de que las reglas no se aplican de forma neutral.
Algunos ejemplos de “doble rasero ideológico” en el fútbol europeo, suelen citar varios ejemplos de simbología comunista o de inspiración marxista en estadios que, según esos autores, no han provocado sanciones comparables por parte de UEFA.
Les ofrecemos algunos casos:
Banderas con la hoz y el martillo en el FC St. Pauli
El club alemán de Hamburgo es conocido por tener una afición muy politizada hacia la izquierda.
En su estadio, el Millerntor-Stadion, se han visto con frecuencia banderas con la hoz y el martillo, pancartas antifascistas con estética comunista e iconografía de movimientos revolucionarios.
Los críticos dicen que estos símbolos no han generado sanciones disciplinarias relevantes.
Iconografía soviética entre ultras del CSKA de Moscú
En partidos europeos del equipo ruso se han visto banderas con símbolos de la Unión Soviética, imágenes de líderes comunistas, referencias a la historia militar soviética.
Estos casos prueban que la UEFA no actúa con la misma severidad que frente a simbología nazi.
Pancartas revolucionarias en el Olympique de Marseille
En ciertos partidos del club francés se han visto pancartas con estética de izquierda radical o revolucionaria.
No siempre incluyen símbolos comunistas directos, pero algunos artículos citan estos ejemplos para afirmar que la UEFA tolera mensajes políticos si proceden de determinados ámbitos ideológicos.
Grupos ultras de izquierda en el Livorno Calcio
Uno de los casos más citados en este debate es el club italiano Livorno.
Durante años, parte de su afición mostró banderas con la hoz y el martillo, imágenes de Che Guevara, referencias al comunismo italiano.
Estos símbolos se convirtieron incluso en parte de la identidad de algunos grupos ultras.
Es decir, la UEFA suelen sanciona inmediatamente el saludo nazi, pero la simbología comunista no se considera automáticamente un gesto discriminatorio dentro de la normativa disciplinaria, lo que prueba que el fútbol en Europa se ha convertido en uno de los principales instrumentos propagandísticos de la agenda woke.











