Vox juega a una peligrosa doble moral, acusando al PSOE de las mismas tácticas electoralistas que utiliza contra el PP
LR.- No hubo «fumata blanca» en Extremadura y la presidenta en funciones, María Guardiola, recibió ayer otro no de Vox para ser investida como jefa del Ejecutivo regional, por lo que se abre la última prórroga de dos meses para que Extremadura cuente con un nuevo Gobierno antes de la temida y rechazada por la absoluta mayoría de los extremeños repetición electoral.
El rechazo de Vox ha culminado su «alianza» con PSOE y Podemos para descarrilar un gobierno de coalición que reclama la mayoría de la región, abortando la segunda votación que solo necesitaba mayoría simple, pero que ha contado únicamente con el apoyo de sus propios parlamentarios. Guardiola mantuvo su tono conciliador a pesar de las circunstancias, consciente del reto que tiene por delante, y volvió a tender su mano a Vox, al que emplazó a dejar a un lado los reproches y las culpas, para lanzar al aire un claro mensaje a ambas direcciones nacionales para desinflamar el debate, después de que Núñez Feijóo y Abascal hayan cruzado reproches y desdenes casi a partes iguales, para ahondar aún más unas diferencias que, por parte de Vox, tienen a todas luces tintes claramente electoralistas, con los ojos puestos en la campaña en Castilla y León y con el catalejo centrado en las andaluzas, para seguir apropiándose del caladero de votos del centro derecha y continuar bloqueando cada gobierno autonómico en el que tengan esa opción.
Esta postura antisistema le está dando claros réditos electorales –vamos a ver hasta cuándo–, con un crecimiento continuo y sostenido en cada cita con las urnas. Pero es un arma de doble filo, con el que pueden cortarse la femoral estadística si continúan con su política de bloqueo, empeñados más en construir un relato político que culpabilice al PP que en esforzarse en dialogar de manera leal para construir un gobierno de coalición. Al menos Abascal, tras el no, optó por la distensión tras declarar que «la puerta está abierta», pero condicionada a cerrar un acuerdo sobre medidas concretas, sin prisas, ni coacciones, ni guerras sucias.
Es decir, que Vox juega a una peligrosa doble moral, acusando al del enfrente de las mismas artes que utiliza contra el PP. No se puede acusar al PSOE de vivir en un presente continuo electoralista y luego utilizar el mismo tiempo verbal para bloquear los gobiernos que los ciudadanos eligen en libertad. Extremadura necesita que ambas formaciones lleguen a un acuerdo, que negocien en proporción a sus votos y que cedan cada uno hasta lo que marque su peso real. A lo que no se puede llegar es a una repetición electoral, que eso no es lo que han expresado bien alto los ciudadanos. Bloquear Extremadura –o si hace lo mismo en Aragón o en Castilla y León– no lo entendería nadie, ni siquiera los partidos de izquierdas, que están agazapados y esperando su oportunidad bajo el mantra del «No a la guerra».











