Vox y la opacidad frente al disenso interno: Abascal expulsa del partido a su ex número 2, Javier Ortega Smith
Desde su fundación, Vox ha construido un discurso centrado en la defensa de la libertad, la valentía frente al pensamiento dominante y la ruptura con lo que denomina el “consenso impuesto”. Sin embargo, esa retórica choca con una crítica cada vez más extendida: la escasa transparencia y tolerancia frente al disenso interno dentro del propio partido.
Vox funciona con un alto grado de centralización en torno a su dirección nacional. Las decisiones estratégicas, la elaboración de listas y la definición del mensaje político parecen concentrarse en un núcleo reducido, con escasos mecanismos visibles de deliberación interna.
Cuando surgen discrepancias, estas rara vez se canalizan de forma pública o institucionalizada. Por el contrario, la salida de voces críticas suele producirse de manera abrupta, sin explicaciones detalladas ni procesos transparentes que permitan comprender las razones políticas o organizativas detrás de esos movimientos.
El partido de Abascal ha optado por una cultura interna donde el desacuerdo se interpreta como deslealtad. Exdirigentes que han expresado matices estratégicos o discrepancias ideológicas han terminado apartados o abandonando la formación en un clima de tensión.
Este patrón proyecta la imagen de una organización donde la disciplina prevalece sobre el debate. Paradójicamente, un partido que denuncia la “censura” en el espacio público es acusado de aplicar dinámicas restrictivas dentro de su propia estructura.
La falta de información clara sobre los procesos internos —desde la toma de decisiones hasta los criterios de selección de candidatos— alimenta la percepción de opacidad. No se trata solo de quién manda, sino de cómo y bajo qué reglas se ejerce ese liderazgo.
En democracias consolidadas, los partidos suelen enfrentarse a tensiones internas. La diferencia radica en la existencia de cauces reglados para el debate y en la rendición de cuentas ante la militancia. Cuando esos mecanismos no son visibles o no funcionan de manera efectiva, la credibilidad del proyecto político se resiente.
La mayor contradicción que señalan los críticos no es ideológica, sino organizativa: mientras Vox reivindica la libertad de expresión sin cortapisas en la esfera pública, dentro del partido parecería primar una lógica de control del mensaje y de homogeneización del discurso.
El problema no es la disciplina —necesaria en cualquier organización política— sino la ausencia de transparencia sobre cómo se gestionan las discrepancias y qué espacios reales existen para el pluralismo interno.
La fortaleza de un partido no se mide solo por su cohesión externa, sino por su capacidad de integrar el debate sin convertirlo en motivo de expulsión o silencio. Porque la regeneración democrática empieza también por casa.
Vox acuerda la expulsión de Ortega Smith del partido y abre expediente a Antelo
Vox ha acordado la expulsión del partido de su ex número 2, Javier Ortega Smith, así como de la pérdida de su condición de afiliado tras concluir el Comité de Garantías de la formación el expediente disciplinario que se le abrió el mes pasado por negarse a cumplir la resolución del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) que acordaba su relevo como portavoz en el Ayuntamiento de Madrid, lo que tipifican como «infracción muy grave». Y ha abierto un expediente disciplinario a José Ángel Antelo tras los acontecimientos de la última semana, según ha informado Vox en un comunicado.
El partido ha decidido de forma cautelar suspender a Antelo de sus derechos como afiliado e inhabilitarle para ejercer cargos en la formación, entre ellos el de vocal en el Comité Ejecutivo Nacional. La decisión llega después de que la semana pasada estallara una crisis en el seno de Vox en Murcia, con las informaciones que desvelaban la intención de la cúpula del partido de relevarle como presidente provincial y la posterior dimisión en bloque de los cinco miembros de la dirección regional, que provocó su destitución.
Fuentes de Vox trasladan que desde que se comunicó al grupo municipal de Madrid el relevo de Ortega Smith como portavoz, un cambio acordado «por unanimidad» por el CEN, el exsecretario general «inicia una serie de actuaciones dirigidas todas a desacatar la decisión del órgano superior del partido del que él formó parte y cuyos estatutos aprobó».
Según señalan, el diputado «se negó a reconocer a la nueva portavoz designada por el CEN, llegando a desautorizar y reprender sus actuaciones» y asistió al Pleno en Cibeles como portavoz pese a que se le había apartado del cargo. Reprochan desde Bambú sus «manifestaciones públicas en las que se reafirma en su determinación de incumplir la voluntad del partido y de verter descalificaciones contra el partido, sus órganos de dirección y sus integrantes».
Cuando hace unas semanas Vox decidió suspenderle de militancia cautelarmente por no acatar la orden de la dirección, Ortega Smith manifestó que pelearía dentro del partido con los recursos a su alcance, incluso desde los tribunales si fuera preciso. «Voy a defender la honorabilidad, la verdad y la lealtad a este proyecto», expresó. Esta semana, tras retirarle Vox de las comisiones parlamentarias de Justicia e Interior y de la Diputación Permanente en el Congreso, acusó a la cúpula de humillar, difamar y expulsar «sin causa ni razón, a muchos de aquellos que levantamos de la nada este proyecto».
Crisis en Murcia
Por su parte, a José Ángel Antelo le recriminan haber iniciado desde que supo que podría ser sustituido como presidente provincial «una escalada de declaraciones públicas, mensajes en redes sociales y filtraciones interesadas» para, según las fuentes de Bambú, tratar de «blindar su permanencia en el cargo y dificultar las legítimas decisiones de la dirección del partido», rompiendo así «el principio de unidad y lealtad» y la confidencialidad por «desvelar comunicaciones privadas» con la cúpula de Vox. Por otra parte, critica lo que tilda de «graves y falsas acusaciones» contra el partido y sus dirigentes lanzadas en sus intervenciones en los medios.
El partido le acusa de no acatar la decisión mayoritaria de su grupo parlamentario de ser relevado como portavoz del mismo y de buscar «menoscabar» el prestigio de Vox con su acusación sobre la falsificación de su firma para tramitar ese cambio en la portavocía. En este sentido, la formación de Abascal sostiene que los diputados de Murcia «firmaron de puño y letra» su cese y utilizaron la firma digital del grupo para el registro, de la que apunta que Antelo es el titular. Se ha presentado un nuevo escrito dirigido a la Asamblea para solicitar que sea Rubén Martínez Alpañez el nuevo portavoz.
La crisis se hizo más profunda este jueves cuando por la tarde cuando fuentes de la dirección nacional de Vox trasladaron a la agencia EFE que recibieron un aviso procedente de Cartagena según el cual Antelo habría mostrado interés en legalizar y urbanizar un suelo que pertenecía a una empresa en la que aparecen como socias al 50 % su mujer y la portavoz de Vox en el Ayuntamiento de esa localidad, y que esto habría sido el «detonador» para que la cúpula del partido le retirara su confianza.
Antelo salió en sus redes sociales a desmentir estas acusaciones, y en su representación, su excompañero de partido, Juan García-Gallardo, abogado, envió un burofax a la sede de Vox con un requerimiento formal de rectificación inmediata por «intromisión ilegítima en el derecho al honor» de Antelo. Señaló que las acusaciones, «de extraordinaria gravedad», son «rotundamente falsas» y «carecen de soporte objetivo».













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