Trump sabe que tiene que ir a fondo en Irán y que no puede quedar nada del régimen en 2028: el nombramiento de Mojtaba Jameneí es «inaceptable»
Marcelo Duclos.- Sin medias tintas, Donald Trump reconoció que no habrá sucesión en Irán que esquive su voluntad. Aunque el régimen islámico apuntó al hijo del ayatolá abatido por la coalición estadounidense-israelí, el mandatario del país norteamericano les advirtió que están «perdiendo el tiempo». El republicano quiere ir hacia una transición controlada, con alguien que responda por completo a sus intereses y preferencias como la venezolana Delcy Rodríguez, que este miércoles dejó de lado cualquier vestigio de independencia con un tuit donde agradece al jefe de la Casa Blanca el «trabajo conjunto» con Miraflores.
Para Trump, el nombramiento de Mojtaba Jameneí es «inaceptable», ya que considera que no es la persona adecuada como para garantizar la paz y la estabilidad en Irán. Su público reconocimiento a la influencia que ejercerá en lo que venga (ya dijo incluso que no considera que el príncipe en el exilio sea la mejor opción para este momento) solo es la manifestación de algo más que lógico: él no puede dejar el Gobierno hasta que el régimen de los ayatolás no esté terminado por completo. Es que, desde junio del año pasado, con los primeros bombardeos a las bases nucleares iraníes, la actual Administración cruzó una línea de no retorno. Trump sabe que para 2028 la situación en Irán tiene que estar absolutamente resuelta. Sin embargo, hay complicaciones importantes para la construcción de un país que ha estado bajo una teocracia salvaje por casi medio siglo.
Aunque Cuba lleva más tiempo bajo la dictadura castrista, en el caso caribeño Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, tienen más «materia prima» para trabajar. La comunidad cubana en Florida mantuvo los lazos culturales prácticamente intactos, a pocos kilómetros de La Habana. El chavismo lleva menos tiempo (y el régimen dejó destruido al país), pero al menos hay una referente política vigente y una población que dijo hasta hace muy poco en las urnas que está dispuesta a apoyar el cambio. En Irán todo es más complicado.Últimas noticias
El régimen del terror de fusilamientos y horcas en ganchos de camiones logró establecerse a fuerza del miedo y consiguió desterrar cualquier vestigio de oposición a la teocracia. Los exiliados que se encuentran en Estados Unidos y el resto del mundo atravesaron por un proceso diferente, con barreras idiomáticas y más distancia geográfica, que los terminó alejando de la coyuntura iraní. Las segundas generaciones hicieron su vida más alejados del país de sus padres, al que nunca conocieron.
Cuando el Gobierno de Estados Unidos busca con qué trabajar en la transición, la situación se vuelve más compleja. Sobre todo, como también reconoció Trump, cuando se evita repetir los errores de Irak con el derrocamiento de Saddam Hussein.
Con pocas herramientas en la mesa, Trump sabe que del régimen islámico y sus intenciones no puede quedar nada, pero que tampoco se puede dar el lujo de apostar a una transición extensa, pero clara, como podría tener lugar en Cuba o Venezuela.
Si se decidió cruzar la línea de no retorno, la Administración actual habrá considerado que la amenaza nuclear era inminente. Iniciado el proceso de liquidación del eventual poderío nuclear iraní, EEUU no puede dejar a medias el trabajo; y salvo que se alineen los planetas para Marco Rubio, la continuidad de este rumbo geopolítico es un misterio. Lo cierto es que, por lo mínimo, al menos Washington debería contar con el apoyo de buena parte del planeta, que podría ser eventual blanco de los ataques del régimen teocrático. No sería la primera vez que el mundo le devuelve a los Estados Unidos y al Estado de Israel una dosis de ingratitud por hacer el trabajo sucio que los demás rechazan y encima cuestionan desde los foros internacionales.












