El pelotazo de Iglesias: de la calle a TelePedro, la televisión del establishment (Videocomentario de Joaquín Abad)
Gran día para la democracia española. En un gesto de pura generosidad y pluralismo mediático, la todopoderosa Movistar Plus+ —esa empresa tan independiente, tan ajena a cualquier influencia gubernamental, quien diría que Pedro Sánchez y La Moncloa no han tenido nada que ver— ha decidido, en su infinita sabiduría, acoger en su parrilla un nuevo canal TelePedro, el Canal Red de Pablo Iglesias. Para muchos representa un pelotazo ideológico y estratégico que no puede ser ignorado
Resulta imposible interpretar este movimiento sin señalar su contradicción más burda: el mismo Pablo Iglesias que, durante años, criticó con saña a Telefónica como símbolo del “poder empresarial” y del “totalitarismo de mercado”, ahora ve cómo su propio proyecto mediático recibe una plataforma masiva dentro de la oferta de esa misma empresa.
Iglesias ha llegado incluso a insinuar que empresas privadas como Telefónica son responsables de la inequidad y de prácticas que perjudican a la sociedad — pero hoy su contenido político y propagandístico va a ser distribuido a millones de hogares a través de la red de esa corporación. Cuando lo criticado pasa a ser socio de distribución, la coherencia queda en la cuneta.
La realidad del llamado pelotazo es que no se trata de pluralidad, sino de un salto mediático que convierte un medio digital con decenas de miles de seguidores en un canal televisivo de alcance nacional, gracias a la infraestructura de una gran compañía. Esa transición no surge por mérito propio —sino por un acuerdo que beneficia tanto al personaje como a la corporación.
Muchos usuarios han reaccionado con indignación, llegando incluso a anunciar la baja de suscripciones a Movistar como acto de protesta. Para estos críticos, la entrada de Canal Red no solo es una cuestión de contenido, sino de instrumentalización política de una plataforma que debería ser neutral para sus clientes.
Se nos vende la idea de “pluralidad mediática”, pero lo que está ocurriendo es otra cosa: un medio con una línea ideológica declarada está pasando a una plataforma con alcance masivo, sin un debate claro sobre sus implicaciones para la neutralidad y la independencia editorial.
La verdadera pluralidad no se construye simplemente sumando voces afines en plataformas mayoritarias: se logra garantizando que cada voz compita en igualdad de condiciones, sin que unas obtengan acceso privilegiado gracias a acuerdos estratégicos y a la amplificación que supone aparecer en un servicio de pago.











