Vaya panda de miserables

Sánchez en la toma de posesión de Óscar López como ministro, a la que también asistieron el presidente del TC y Bolaños
Ramón Pérez-Maura.- La degradación ética del sanchismo se agrava cada semana. Dan pasos de gigante. Acabamos de ver cómo el cabecilla del grupo, Pedro Sánchez, no ha sido capaz de ir al funeral de las víctimas de Adamuz en Huelva. El dolor de las víctimas de una tragedia provocada por la negligencia criminal de este gobierno era menos relevante que dos prevenciones del propio Sánchez. La primera es que él no va a funerales católicos. Sólo acepta los civiles de inspiración masónica. Y lo segundo es que no consiente más actos en los que tenga que ceder la presidencia al Rey. Con los que ya no puede evitar, le basta y sobra.
Este ejemplo de hace semanas dice mucho de la catadura de Sánchez que sigue mintiendo sobre las causas que provocaron el accidente, como hemos visto esta semana en el Congreso. Pero da igual. Él tiene una patología psiquiátrica bien conocida que lleva a quien la padece a creerse sus propias mentiras. Y por eso se cree siempre en posesión de la verdad.
Y hemos tenido el pasado jueves un ejemplo de miseria moral, igual o superior al de Sánchez, en el ministro Óscar López quien hizo unas declaraciones a Radio Nacional en las que culpaba de la derrota del PSOE en Aragón al difunto Javier Lambán, expresidente de esa comunidad. Permítanme hablar bien de Pilar Alegría por una vez porque hasta ella ha salido a defender la memoria de Lambán. Lambán efectivamente tomó distancia de Sánchez dentro del PSOE en la línea de García Page. Padeció un cáncer que le costó la vida, pero nunca dejó de ser un socialista comprometido con su partido. Y luchó por sus ideas hasta el final. Pero eso no es un socialista para Sánchez. Socialista sólo es el que le guarda una fidelidad perruna a su persona.
Vean si no el ejemplo de este viernes cuando se ha dado la consigna de salir a pedir a Felipe González que se dé de baja en el partido. ¿No van a tener con él el valor que tuvieron con Nicolás Redondo o Joaquín Leguina? Igual se temen que si dan el paso acabe todo como con Leguina, que ganó en los tribunales su derecho al reingreso en el partido. Y figúrense lo que les desquicia que hoy ostente un cargo público designado por Isabel Díaz Ayuso.
Es interesante ver cómo el entorno de Sánchez hace ímprobos esfuerzos por ganarse el beneplácito del presidente. La cosa alcanza los niveles de Corea del Norte. Porque, aunque él procura que no nos acordemos, algunos tenemos muy presente que Óscar López apoyó la candidatura del indescriptible Patxi López a la Secretaría General del PSOE. Patxi ya se hizo perdonar lo suyo hace tiempo y guarda las espaldas del presidente en el Congreso con una fidelidad digna de mejor causa. Pero Óscar tiene muchos méritos que hacer todavía. En la nueva estrategia de enviar a ministros a suicidarse políticamente en las comunidades autónomas, López ha sido premiado con enfrentarse a Ayuso en Madrid. La que le espera. Esto es para sacar entrada y comprar palomitas.
No tengo ninguna simpatía personal por Felipe González o por Javier Lambán. Pero si yo fuera miembro de un partido que les debe todo lo que el PSOE les adeuda, me echaría las manos a la cabeza y lo abandonaría con pesar, con furia, con indignación, con bochorno, con rabia. Hay que ser un miserable para quedarse impertérrito, como si no pasara nada. Con su pan se lo coman.











