Patxi, el portavoz horribilis de Pedro

Patxi López, de portar el féretro de sus compañeros de partido asesinados por ETA a sentarse hoy con los herederos políticos de la banda terrorista.
Mayte Alcaraz.- Francisco Javier López Álvarez (Portugalete, 66 años), alias Patxi López, solo ha hecho una cosa provechosa –para él– en su vida: presidir el Gobierno vasco de 2009 a 2012. Y lo hizo no porque tuviera el apoyo social electoral suficiente, ni porque sus paisanos se rindieran a sus méritos políticos, ni porque su talla intelectual noqueara a sus rivales en las urnas. Lo logró porque el PP de Antonio Basagoiti puso en valor los principios antes que sus intereses partidistas, para evitar que el nacionalismo cómplice de ETA siguiera ostentando el poder en el País Vasco. Y López fue el beneficiario de ese gesto decente del PP. Un indigno gozando de una dignidad que no le pertenecía.
Pero la gratitud no está en el ADN del actual portavoz sanchista en el Congreso. Fue el primero al que lanzó Moncloa a contestar a Felipe González esta semana cuando anunció que, si Pedro se volvía a presentar, votaría en blanco. Espetó Patxi: «Me da pena que el expresidente haya dejado de ser una referencia para los socialistas y sin embargo, sea una referencia para la derecha de este país y que Dios [apelativo que le puso Txiqui Benegas a González] ataque al puto amo [Óscar Puente, dixit, sobre Sánchez] pues no tiene por dónde cogerlo». Esta es la talla moral de Francisco Javier, un sabio a la altura del régimen, en el que ni él ni su jefe nunca hubieran llegado tan lejos si no hubiera existido Felipe González. Hombre para todo de Pedro, hoy se dedica –además de a insultar al expresidente– a conspirar contra Yolanda Díaz para aupar a Gabriel Rufián como nuevo líder de la izquierda a la izquierda del PSOE. Tanto se le ha ido la mano, que el portavoz de ERC ya ejerce mejor de defensor parlamentario de Pedro, que el propio Patxi.
En una entrevista tras ser investido lendakari en 2009, un periodista le preguntó si conocía el principio de Arquímedes, como metáfora de la sucesión de Ibarreche, a lo que López contestó: «Depende de cuál de ellos». No hubo más preguntas. Y es que, con una biografía eternamente lactante de la teta de la vaca pública, este hijo del histórico socialista Eduardo López Albizu, Lalo, fue el mejor refuerzo que encontró el presidente para lanzar sus diatribas contra todo aquel que osara desafiarle, aunque fuera el primer presidente socialista. En mayo de 2017, López Álvarez, conocido ya desde Tito Berni como Patxi Quemasdará López, se elevó como el sensato profeta que clamaba entre Pedro Sánchez y Susana Díaz por preservar al partido del sectarismo letal. De esas primarias ha quedado escrito en mármol su pregunta en un debate a su hoy idolatrado mandamás: “Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación?” Está por demostrar si ya venía aprendido de fábrica o el régimen de Su Sanchidad le ha servido para hacerse un máster cum laude en ese Sectarismo que decía combatir, pero lo cierto es que su magisterio ya es legendario. Menos legendarios son su biografía académica, pues abandonó Ingeniería Industrial en la Universidad del País Vasco en cuanto se convirtió en diputado a los 25 años, el segundo más joven tras otro faro de conocimiento, José Luis Rodríguez Zapatero.
Este aspirante a guitarrista de una banda de rock, casado con otra dirigente de su partido, Begoña Gil, dice que nunca sale de casa sin ideología porque así ordena sus prioridades. Entre ellas, una de las más apreciadas, es su inigualable manera de despachar con modos autócratas a la prensa. «No te voy a contestar», sobre las críticas de Page, o aquella respuesta de cuñado en la que afirmó que con la ley del solo sí es sí se trataba de «dar un toque de atención a los jueces» y de decirles «oigan, no me vayan por aquí», o el no muy lejano «qué más dará», cuando se le interrogó en el Congreso por los diputados que iban de cenas con su compañero de bancada, el imputado Curbelo. Pero nada mejora aquella desternillante sentencia durante el 15-M, cuando la lumbrera de Portugalete aseguró que «el PSOE es la primera organización de los indignados de este país». Aunque pensándolo bien fue un vaticinio certero: hoy es, en efecto, la fuerza política que más indigna en nuestro país.
Pero su papel estelar y donde mejor se ha desempeñado es en la traición a las víctimas de toda condición. Por antonomasia, a las de ETA, y en especial a las que cayeron defendiendo al PSOE. Por ello atesora un baldón que tumbaría a cualquier dirigente público en un país serio, resumido magitralmemente en ese sabio vaticinio de la madre de Joseba Pagazaurtundua, asesinado por los amigos de Otegi, cuando le dijo «Patxi, dirás y harás cosas que nos helarán la sangre». No tardó, blanqueando a la banda asesina y negociando con sus herederos. Después, vendrían los damnificados de la pandemia. La peor respuesta, respecto a la desastrosa gestión de la crisis sanitaria, que provocó la más alta mortandad por el virus de toda Europa, la firmó el propio Patxi. Tras pasar cinco meses de 2016 por la presidencia del Congreso en los albores del sanchismo, con desaires continuos al Rey durante la primera investidura fallida de Sánchez, fue coronado como presidente de la comisión para la reconstrucción de España tras el coronavirus. A la vista está lo reconstruida que quedó España, pero peor fue su bochornosa ausencia de empatía y conmiseración con las víctimas, a las que el Ejecutivo todavía no ha contado fehacientemente.
Y la tercera de las felonías está fechada esta misma semana, en el pleno pretendidamente convocado para hablar del accidente de Adamuz. Allí ironizó sobre las víctimas que «bailan el agua» a la derecha. La mejor de las respuestas la recibió de Ricardo García, el tío de uno de los fallecidos en los trenes, en la entrevista que le hizo José Luis Pérez en El Cascabel. En un tono mesurado y envidiablemente contenido, reconoció Ricardo que tuvo que dejar de ver el pleno y de escuchar a López por el dolor que le causaban sus palabras. Le pudo decir muchos improperios, pero de nuevo las víctimas dieron una lección de dignidad a quien no la conoce. Pero lo peor es que la razón por la que actúa de manera tan vil es así de crematística: disfruta de un altísimo cargo que quiere conservar, por lo que solo se puede esperar de él obediencia y servilismo, a costa de ofender a los desgraciados deudos de la negligencia de su Gobierno en los trenes.
Como dejó escrito Antonio Machado (o Juan de Mairena) lo de Patxi es «fidelidad a la propia máscara».











