El tercer hombre: Sánchez en la Cloaca Máxima
Laureano Benítez.- A la vacilante luz de su linterna, Sánchez empezó a divisar el horror de aquella cloaca nauseabunda por la que avanzaba con el estómago encogido, conteniendo a duras penas el vómito que le subía a la garganta. Porque allí, en aquella malsana oscuridad, en aquella maléfica tiniebla, percibía el fétido aliento de alimañas innombrables, los chillidos de enormes ratas que saltaban sobre sus botas de goma, el aleteo de espantosos murciélagos, el susurrar de lóbregos demonios que le rodeaban con sus garras terroríficas.
Cuando supo que las fuerzas de seguridad iban a la Moncloa, cogió una linterna, un pasamontañas y una pequeña mochila, y se internó por la alcantarilla más próxima a la entrada principal de la Moncloa, sin ni siquiera esperar a su mujer, que no sabía dónde se hallaba, porque lo importante era salvar su pellejo.
Allí, en aquella infecta cloaca, a la luz de la linterna, Sánchez empezó a ver la colosal podredumbre de sus años al frente del gobierno de España, pues en aquel río pestilente iban raíles de tren desvencijados, carrocerías embarradas de Valencia, troncos calcinados de una infinidad de incendios, preservativos de saunas gays, votos falsificados, urnas insepultas, bombillas rotas, jeringuillas leprosas, esclavizantes mascarillas, motosierras rojas, cruces desmochadas, terroristas placas solares, vehículos incendiados, ropa íntima de travestis, capuchas goraetas, hoces y martillos leninistas, banderas españolas destrozadas, fetos masacrados en carnicerías incontables…
Avanzaba todo lo deprisa que podía, sorteando aquel apocalipsis horripilante, pero no era asco lo que sentía ante aquel espectáculo demoledor, y tampoco sentía remordimiento ante aquel juicio sumario que le dictaba ese río de horror que discurría ante sus ojos: lo único que sentía era miedo, un miedo cerval a que le atraparan sus perseguidores, cuyos rápidos pasos ya escuchaba, cada vez más cerca, mientras gritaban órdenes que el eco de la cloaca le devolvía amplificadas.
En aquel laberinto, Sánchez temía perderse, porque, aunque tenía unos planos que había conseguido tiempo atrás para casos de emergencia, no le sería fácil dar la salida de alcantarilla donde le esperaba el helicóptero que le llevaría a la República Dominicana.
Sacudido por temblores nerviosos, sintió una repentina euforia al comprobar que solamente unos escalones le separaban de la salida que buscaba. Los subió a toda prisa, pero al abrir la tapa comprobó con espanto que allí no había ningún helicóptero, sino una patrulla fuertemente armada que procedió a su detención.
Parodiando a la vampiresa Jessica Rabbit, dibujo animado que interviene en la película “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”, Sánchez solo acertó a exclamar: “Yo no soy malo, es que el globalismo me hizo así”.
Esta escena de ficción —que, sin embargo, sucederá en la realidad, tarde o temprano— no es sino una parodia de la celebérrima escena de la película “El tercer hombre” (1946), en la que el corrupto Harry Limes (Orson Welles) intenta huir por las cloacas de Viena mientras es perseguido por la policía, porque Limes había estado robando penicilina de los hospitales militares para revenderla en el mercado negro, tan diluida que muchos pacientes habían muerto. En la Viena de posguerra los antibióticos eran nuevos y escasos fuera de los hospitales militares, por lo que alcanzaban un precio muy alto.
La escena de la que hablamos está considerada como una de las mejores de la historia del cine, por lo que recomendamos su visionado.
En la famosísima escena de la noria, Harry Limes le dice un tremendo discurso a su amigo Holly Martins (Josep Cotten), señalándole a la gente que se veía abajo, como puntos diminutos:
“¿Sabes?, nunca me siento cómodo con este tipo de cosas. ¿Víctimas? No seas melodramático. Mira ahí abajo. Dime. ¿De verdad sentirías lástima si uno de esos puntos dejara de moverse para siempre? Si te ofreciera veinte mil libras por cada punto que se detiene, ¿de verdad me dirías que me quede con mi dinero, o calcularías cuántos puntos podrías permitirte gastar?”.
Este es el discurso propio de los tiranos, de los déspotas, del globalismo luciferino, de los eugenistas, de los psicópatas sin fin que tienen en jaque a la Humanidad.
No dudemos de que Sánchez acabará como Harry Limes, atrapado en la Cloaca Máxima, pero este sátrapa es solamente el tercer hombre, porque tiene a dos por encima: el segundo es Soros/Gates o cualquier otro personaje satánico de esa calaña; El primer hombre? Bueno, eso es otra historia y se contará en otro momento.
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Para ver la escena de las alcantarillas: https://www.youtube.com/watch?v=vs82JFg_CxE











