Los pactos con Vox
Francisco Marhuenda.- Al sanchismo le interesa el ruido y la crispación. No solo en sus relaciones con el PP, sino en todos los ámbitos de la política española. Es una estrategia que comenzó el PSOE en los últimos años de Aznar. Un buen ejercicio es analizar cuál es su estilo de oposición, las mentiras que utilizan y las descalificaciones que aplican contra sus rivales, incluso remontándonos a los años de UCD.
La realidad resulta muy clarificadora. Es cierto que ha ido empeorando a lo largo del tiempo conforme también lo han hecho los currículums de los dirigentes socialistas. Ahora están muy contentos con el crecimiento de Vox, porque creen que perjudica al PP. Me recuerda cuando se produjo este mismo efecto con la aparición y crecimiento de Podemos. Lo sucedido con el 11-M, que los dirigentes del PP parece que han olvidado, es sintomático de esa estrategia. No ha sido un caso aislado, sino una línea de conducta.
Nunca he considerado a Felipe González como un referente ideológico ni creo necesario elevarlo a los altares como si fuera un santo laico, aunque es razonable destacar las cosas positivas que dice o hace. Es lo mismo que con el balance de su presidencia. A los sanchistas, como Patxi López, uno de los políticos más veletas que he conocido, no les gusta Felipe, porque no es una sumisa marioneta al servicio del inquilino de La Moncloa.
En lugar de reflexionar sobre sus palabras, la reacción es descalificarle. Cuando plantea si es más legítimo pactar con Bildu que con Vox, es evidente que tiene razón al añadir «yo no lo creo». El aparato mediático al servicio de la propaganda monclovita, encargado de exaltar al líder con un fervor que parece surgido de la televisión soviética, presenta a Vox como si llegara el fin del mundo.
El PP debería perder cualquier atisbo de complejo al respecto, porque lo que sí es reprobable es blanquear a los comunistas, los antisistema, los independentistas y los antiguos dirigentes del aparato político y militar de ETA. Abascal no pone en cuestión la Constitución, el Estado de Derecho y la unidad de España. No pasa nada con formar gobiernos de coalición con esta formación y no pueden dar lecciones aquellos que se sienten muy orgullosos defendiendo a Otegi y sus compinches.











