El reconocimiento tardío a Galdós: por qué no obtuvo el Premio Nobel
La sociedad española asumió tarde lo que hoy se considera una evidencia estratégica en términos culturales: Benito Pérez Galdós era una figura capital de la literatura española y europea.
El reconocimiento social llegó con fuerza en el momento de su fallecimiento, cuando más de 20.000 personas acompañaron su entierro, convertido en un auténtico acontecimiento de Estado, pero durante años su relevancia no tuvo el respaldo institucional ni internacional que merecía.
El punto de inflexión se produjo gracias al llamamiento público de José Ortega y Gasset, cuya necrológica y retrato intelectual del novelista activaron una reacción en cadena dentro de la sociedad política y cultural de la época. A partir de ahí, la memoria de Galdós fue recuperada con una intensidad que contrastaba con el relativo silencio previo.
Este reconocimiento tardío también explica uno de los grandes interrogantes de la historia literaria española: por qué Galdós nunca recibió el Premio Nobel de Literatura. En 1904 el galardón recayó en José Echegaray, en una decisión motivada en parte por la voluntad de la Academia Sueca de premiar por primera vez al idioma español. Sin embargo, la fuerte rivalidad existente y las resistencias internas jugaron en contra del autor de los Episodios Nacionales.
A ello se sumó un factor determinante: su anticlericalismo. La postura crítica de Galdós hacia la Iglesia, moderada para los estándares actuales pero incómoda en su contexto histórico, generó una oposición activa que influyó en la percepción internacional de su candidatura.
En 1912, el Nobel fue finalmente concedido al alemán Gerhart Hauptmann, una decisión que muchos interpretaron como una oportunidad perdida.
Con el paso del tiempo, el Nobel otorgado a Jacinto Benavente fue visto como un gesto de compensación simbólica.











