Sin sorpresas en Aragón

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a la candidata socialista a la presidencia de Aragón, Pilar Alegría
Tomás Gómez.- En la Moncloa se preparan para construir un relato que explique el batacazo que pronostican todas las encuestas para el día de hoy en Aragón. Se trata de intentar desvincular los resultados de los que se obtendrían si se tratase de elecciones generales. De cara a la galería, intentan trocear el problema separándolo del desastre de hace un mes y medio en Extremadura, pero todos saben que el problema es Pedro Sánchez y el voto de castigo que va a sufrir por su culpa el PSOE también en Castilla y León y Andalucía.
La campaña de Pilar Alegría ha estado plagada de errores, como el de centrarse en las redes sociales y videos en internet en una comunidad en la que el 23% de la población tiene más de 65 años o eliminar el logo del puño y la rosa, cuando la candidata ha sido la ministra portavoz del gobierno de Sánchez hasta hace unas semanas.
Las tensiones entre Ferraz y el equipo de Alegría han sido constantes. Desde Madrid se ha enviado a Borja Cabezón a establecer un puesto de mando sobre el terreno, sin embargo, los socialistas de Aragón han querido desvincular al máximo la campaña de la situación nacional. Tampoco es que Cabezón sea el mirlo blanco de la estrategia electoral, no ha logrado una victoria electoral ni cuando dirigió la campaña de Susana Díaz en las elecciones primarias contra Pedro Sánchez, ni en el resto de los procesos en los que ha tenido responsabilidad.
Sánchez impuso a una candidata, que se vio obligada porque no quería dejar el gobierno, para controlar el territorio y eliminar todo resto de Javier Lambán. El líder socialista no admite opiniones críticas y el expresidente aragonés las tenía, la purga ha tenido como objetivo apartar de la candidatura a todos los dirigentes que estaban alineados con Lambán, ocasionando una fractura interna que tardará en cicatrizar.
A Sánchez le interesa más el apoyo de Junts que ganar en Aragón y, como los tiempos no son los mismos para lo nacional que para lo autonómico, se ha producido el acuerdo para la financiación privilegiada de Cataluña o el debate sobre la regularización de inmigrantes al inicio de campaña autonómica, para complicación de los socialistas. No obstante, el golpe en las urnas no va dirigido a Alegría. Los aragoneses, al igual que hicieron los extremeños, no están valorando al candidato local, a quien están censurando es a Pedro Sánchez, por eso da igual que se oculte el logo del PSOE, que se haga una campaña más atrevida o que se intente movilizar a los votantes desencantados.
Lo más probable es que, desde la Moncloa, se intenten poner los focos en el resultado del PP, al que todas las encuestas vaticinan que no alcanzará la mayoría absoluta y necesitará el apoyo de Vox. Sin embargo, un análisis más ajustado a la realidad pone de manifiesto que, mientras la derecha sube, el PP moderadamente y Vox casi duplica, la izquierda cae estrepitosamente.
Sumar, Podemos e IU caminan hacia la desaparición, en la medida que su visión de las cosas se aleja de la realidad española, tan solo Chunta Aragonesista aguanta, alimentada por votantes socialistas desencantados. Vox crece, pero no por mérito propio, lo hace a costa de todos los demás. Pocos saben quién es el candidato de Vox a la presidencia de Aragón, pero las encuestas le dan probabilidad de sorpasso en sitios tan importantes como Zaragoza. En tanto que Sánchez siga siendo presidente, los votantes más duros ideológicamente encuentran confort en la extrema derecha, es lo que tiene la polarización. También tiene el apoyo de jóvenes que muestran así su rechazo al establishment. El PSOE se desangra y ese fenómeno no tiene marcha atrás, agita el miedo a Vox y eso ya no sirve, el rechazo a Pedro Sánchez es superior. El líder socialista se ha forjado la imagen de alguien que miente en función de sus intereses, que cede sin límites a los independentistas y demás fuerzas min











