Malestar en el PSOE con Sánchez por sacrificar Aragón: “Sólo le importa engordar a Vox”
En ciertos sectores del PSOE aragonés la discusión ya no es si el resultado de este domingo será malo, sino para qué va a servir. Un histórico dirigente que ha formado parte de la Ejecutiva regional lo resume sin rodeos: “La sensación es que estamos en un campo de pruebas. Sólo le importa engordar a Vox”, asegura sobre el presidente del Gobierno.
La lectura que se abre paso en esa federación —y que comparten cuadros en Extremadura y otras comunidades— es que Pedro Sánchez ha asumido un cálculo frío. Si la derecha se fragmenta y Vox crece, el PP sufre. Y, si el miedo a la ultraderecha vuelve a activar al votante progresista en unas generales, el PSOE puede resistir en las urnas nacionales aunque pierda terreno en lo autonómico. El esquema no es nuevo: “Le funcionó en 2023, pero habrá que ver a qué precio”.
Ese precio, sostienen en Aragón, lo están pagando los territorios. El acuerdo con ERC para impulsar un nuevo modelo de financiación autonómica con el principio de ordinalidad y 4.700 millones adicionales para Cataluña ha servido para recomponer puentes en el Congreso y abrir la puerta a unos Presupuestos. Pero en comunidades donde el debate territorial es especialmente sensible, el movimiento complica la campaña. Pilar Alegría tiene que defender una posición que el PP ha convertido en eje de ataque y que Vox explota sin matices.
El malestar no es sólo electoral. “En los territorios están la mayoría de los militantes, de los cargos públicos y del poder institucional real”, explica el exdirigente aragonés. Las comunidades gestionan presupuestos, redes clientelares y estructura territorial. También muchos sueldos. Si se encadenan malos resultados autonómicos, el partido se debilita por dentro aunque el liderazgo federal resista.
En Ferraz admiten que la alerta antifascista que tan bien salió en 2023 no moviliza igual en unas autonómicas que en unas generales y que Vox ha consolidado un suelo alto en muchas capitales. En Zaragoza, donde vive más de la mitad de los aragoneses, los sondeos internos hablan de empate técnico en algunas circunscripciones y de una derecha movilizada. El cálculo estratégico pasa por asumir desgaste territorial a cambio de asegurar oxígeno parlamentario en Madrid. La financiación autonómica, aunque técnicamente encallada —requiere mayorías que hoy no existen y reformas legales complejas—, funciona como gesto político hacia ERC y como mensaje de iniciativa tras meses de desgaste continuo.
El problema es que ese gesto se interpreta en algunas federaciones como una señal de prioridades. “La legislatura en el Congreso está por encima de todo”, afean en Aragón. Incluso por encima de comunidades donde el PSOE se juega gobiernos y estructura. La sensación de que las campañas se diseñan desde Madrid, con poco margen para el matiz territorial, ha reactivado viejas tensiones en una federación acostumbrada a reivindicarse con voz propia.
El crecimiento de Vox añade una capa más de inquietud. Dirigentes socialistas reconocen en privado que en un primer momento no veían con malos ojos que la formación de Santiago Abascal restara espacio al PP. Ahora admiten que el fenómeno tiene vida propia. No sólo divide a la derecha; también desplaza el debate y condiciona la agenda. En elecciones autonómicas, donde pesan más los equilibrios locales que los plebiscitos nacionales, esa dinámica puede jugar en contra del PSOE.
En Moncloa el razonamiento es distinto. Consideran, dicen los territorios, que el ciclo autonómico es un peaje asumible si permite llegar a 2027 con la legislatura en pie y con una derecha obligada a entenderse con Vox. El objetivo no es tanto ganar cada territorio como ordenar el tablero nacional. Que el PP gobierne, pero condicionado y en recesión; y que Vox crezca, pero sin sumar por sí solo. Así, el PSOE podría conservar un suelo suficiente para liderar el bloque progresista cuando toque votar en clave estatal.
Esa es la discusión de fondo que se abre en Aragón. No va sólo de un resultado concreto ni de un liderazgo regional. Va de modelo de poder. De si el partido se articula desde la supervivencia del centro o desde la fortaleza de las periferias. De si las federaciones son palancas del proyecto común o piezas intercambiables en una estrategia más amplia. Y de cuánto desgaste interno puede absorber el PSOE mientras las federaciones intentan ganar tiempo.











