La prueba de Aragón
Abel Hernández.- Concluye hoy la campaña aragonesa con el PP confiado, el PSOE hundido y Vox eufórico. Todos, incluidos los partidos minoritarios, echan el resto hasta la medianoche en busca del último escaño dudoso, cuyo valor puede ser de oro. De ahí el arrebato final antes de la reflexión oficial del sábado. La importancia de estos comicios regionales estriba en el hecho de que Aragón acostumbra a reflejar fielmente la tendencia general del electorado en España. Y llueve sobre mojado: se trata de confirmar la orientación del voto que se vio en Extremadura y de adelantar lo que pasará, los próximos meses, en Castilla y León y en Andalucía. Es comprensible que desde el Gobierno central procuren distraer la atención de la opinión pública con otros asuntos menos dañinos para su reputación, como el rifirrafe con Elon Musk, el caso «prefabricado» del alcalde de Móstoles o los estragos del temporal.
El previsto crecimiento de Vox hace que la atención esté más pendiente de la subida de la extrema derecha que del hundimiento del PSOE. Esto impide también valorar como se merece la incuestionable hegemonía política del Partido Popular bajo la dirección de Alberto Núñez Feijóo. Parece que, más que frenar al sanchismo o acabar con él, lo que busca Abascal es impedir que el PP gane con holgura las elecciones. Ese es justamente uno de los asuntos, no menores, que se ventilan el domingo en estos comicios de Aragón: la autosuficiencia de Azcón, sus manos libres para gobernar, o el grado de dependencia de un Vox envalentonado, que defiende, sin un programa conocido, otro modelo de gestión o de sociedad. Los voxistas consideran debilidad la moderación y están atrincherados y muy movilizados, dispuestos a la confrontación. Se agarran, como ha escrito César Calderón, al «asidero identitario en un mundo que va demasiado rápido».
Esta cadena de elecciones regionales va a marcar el cambio de ciclo político en España y el papel de cada uno de los actores en el reparto. La suerte del PSOE se presenta a corto plazo más insegura que la de Vox, y el afianzamiento del Partido Popular demuestra que la gente sigue estando por la moderación. La estrategia sanchista de favorecer el crecimiento de Vox para impedir la mayoría absoluta del PP, aunque dé resultado, se volverá contra Sánchez y contra su partido. A los electores no les asusta ya el fantasma de la extrema derecha. El error ha sido confundir a la derecha civilizada con la montaraz y considerar a las derechas nacionalistas «fuerzas progresistas». Aragón será la prueba de todo esto.










