La Internacional Socialista se vendió por 250 millones de dólares (Video comentario del escritor y periodista Joaquín Abad)
La Internacional Socialista ha tocado fondo en un charco de corrupción que apesta a petróleo y cocaína. 250 millones de dólares, una fortuna sucia procedente del narcoestado venezolano, entregada en bandeja de plata por Delcy Rodríguez, la guardiana de los secretos más oscuros del chavismo, a través del intermediario perfecto, José Luis Rodríguez Zapatero, ese eterno facilitador de tratos turbios. ¿El destinatario? Pedro Sánchez, el ambicioso primer ministro español que soñaba con un título rimbombante para pulir su ego internacional.
Acusaciones del PRI mexicano
El que es, seguramente, el partido más corrupto del mundo, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) mexicano, acusa a Pedro Sánchez de corrupción y de utilizar la Internacional Socialista (IS), de la que es presidente, como una lavandería de dinero opaco y sucio.
¡Cómo tiene que estar de podrido Sánchez para recibir esa acusación de eco internacional!
En un giro irónico que roza lo tragicómico, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México —considerado por muchos como el epítome de la corrupción política global, con un historial de escándalos que harían sonrojar a cualquier régimen autoritario— ha salido a la palestra para acusar a Pedro Sánchez de convertir la Internacional Socialista (IS) en un nido de podredumbre, lavado de dinero y silencio cómplice ante los grandes desafíos internacionales.
El PRI, ese partido que durante décadas simbolizó el clientelismo y la opacidad en América Latina, ahora denuncia la gestión “antidemocrática y corrupta” de Sánchez al frente de la Internacional Socialista, alegando que Venezuela utiliza esta organización como canal para triangular fondos ilegales en favor del PSOE.
Si hasta el PRI, con su legado de fraudes electorales y pactos oscuros, ve en Sánchez un maestro de la corrupción, es porque las cosas en el sanchismo han alcanzado un nivel de descomposición terminal. Sánchez ha pasado de ser faro del progresismo mundial a cloaca planetaria.
La denuncia del PRI no es un mero exabrupto; es un torpedo directo a la línea de flotación del Gobierno español. Según el partido mexicano, expulsado recientemente de la IS bajo la batuta de Sánchez, la organización ha sido “secuestrada” para servir como vehículo de financiación ilegal. Específicamente, afirman que el régimen venezolano de Nicolás Maduro —aliado incondicional del sanchismo— desvía fondos a través de la IS para nutrir las arcas del PSOE, con cuentas opacas en la sede de Ferraz que escapan a cualquier control democrático.
Esta trama de lavado de dinero no solo mancha la reputación de una entidad centenaria, fundada en 1951 para promover la democracia y la justicia social, sino que expone el cinismo de Sánchez, un líder que presume de transparencia mientras transforma una plataforma internacional en su cajero automático personal.
Miembros expulsados por la deriva autoritaria de Sánchez denuncian además un ambiente de machismo y corrupción interna, donde las decisiones se toman por aclamación en lugar de votaciones democráticas, consolidando un poder absoluto que huele a dictadura encubierta.
Pero la ironía no acaba ahí. El PRI, que gobernó México durante 71 años ininterrumpidos con prácticas que incluyeron represión, fraudes y alianzas con el crimen organizado, ahora se erige en juez moral. “Mal debe andar la cosa”, cuando un partido con tal pedigrí corrupto señala con el dedo a Sánchez por convertir la IS en un “foco de podredumbre”.
Esto no exculpa al PRI de su historia, pero subraya la magnitud del desastre sanchista. Si hasta los expertos en corrupción te llaman corrupto, quizás sea porque has superado todos los límites.
La IS, bajo Sánchez, ha implosionado en acusaciones de silencio ante dictaduras amigas como la venezolana o la cubana, ignorando debates cruciales sobre derechos humanos y democracia global.
En lugar de unir a la izquierda mundial, Sánchez la ha fragmentado, expulsando disidentes y priorizando lealtades personales sobre principios ideológicos.
Esta escandalosa revelación llega en un momento crítico para Sánchez, con su Gobierno tambaleándose en España por otros frentes de corrupción interna, desde el caso Koldo hasta las sombras sobre su familia.
La conexión venezolana no es nueva: el sanchismo ha cortejado a Maduro con embajadores complacientes y silencios ante violaciones de derechos humanos, todo mientras presuntamente recibe fondos triangulados.
El PRI sostiene que esta “triangulación” es el corazón de la trama, un esquema donde dinero sucio fluye de Caracas a Madrid, vía la IS, burlando controles internacionales y financiando campañas del PSOE.
Si se confirma, no solo sería un delito grave, sino la prueba irrefutable de que Sánchez ha exportado su modelo de opacidad al ámbito global, pudriendo una institución que debería combatir precisamente esa clase de abusos.
Esta acusación del PRI es el clavo final en el ataúd del sanchismo. Con su ambición desmedida, Sánchez ha transformado la Internacional Socialista en una caricatura que ha pasado de ser baluarte del socialismo a lavandería de fondos dudosos.
Pudre todo lo que toca, desde el PSOE hasta las alianzas globales, dejando un rastro de corrupción que ni siquiera el PRI puede ignorar. Es hora de que la justicia investigue a fondo y que el electorado español despierte: no se trata solo de México o Venezuela, sino de cómo un líder tóxico está arrastrando a España al abismo moral y político.











