La corrupción en el PSOE
Francisco Marhuenda.- Hasta el momento está acreditado, con pruebas abrumadoras, la corrupción en el PSOE en la etapa sanchista. La duda, aunque me parece irrelevante, es si una parte iba o no al funcionamiento del partido. Es cierto que es la excusa que utilizan los socios y los aliados para justificar su vergonzoso apoyo al Gobierno socialista comunista.
En cualquier caso, estoy convencido de que no importaría que se confirmara su existencia, por lo menos durante este año, porque encontrarían cualquier justificación para mantener su apoyo a Sánchez. A estas alturas, todo el mundo está convencido de que las elecciones serán en 2027. No importa que sea la primera legislatura en la Historia con presupuestos permanente prorrogados.
Es fácil recordar cuando Sánchez afirmaba que «si Rajoy no saca sus Presupuestos, tiene que convocar elecciones generales». Nos hemos acostumbrado, desgraciadamente, a que el presidente del Gobierno sea un mentiroso al que no le importa ser incoherente con tal de seguir en La Moncloa.
Por supuesto, los medios de comunicación sometidos a la disciplina del movimiento sanchista no solo no piden su dimisión o la convocatoria de elecciones generales, sino que justifican esta anomalía constitucional. No fue un comentario ocasional, sino que lo exigió con insistencia, porque consideraba que un Gobierno sin cuentas no puede gobernar y calificó la situación de parálisis. La tragedia ferroviaria del AVE en Adamuz y de Cercanías en Barcelona confirma que el mantenimiento es muy importante y la desidia del picapleitos vallisoletano ha sido desastrosa. Tan solo los necios e ignorantes pueden defender que los Presupuestos no son importantes.
Hemos pasado del «o había presupuestos o había elecciones» a justificar las prórrogas, porque la economía va bien sin ellos. Esta teoría propia del autoritarismo conduce a que debe pensar que mejor no convocar elecciones, porque su Gobierno lo hace todo muy bien, como dijo Puente sobre su lamentable gestión y defienden los hagiógrafos del sanchismo. Este movimiento se caracteriza por su corrupción política, el capitalismo de amiguetes, el clientelismo en los organismos y las empresas públicas, la proliferación de los lobistas y los visitadores que chapotean en las sórdidas covachuelas del poder, la presión a los medios de comunicación independientes y el despilfarro de miles de millones en un aparato propagandístico que ha laminado la transparencia.
Este tipo de corrupción política no tiene parangón en ninguna democracia y nunca había sucedido desde la Transición. La inmoralidad en el ejercicio del poder, con un absoluto desprecio por las competencias del Poder Legislativo y un sistemático acoso al Judicial, son inquietantes muestras de la degradación del Estado de Derecho y su utilización al servicio de los intereses personales de Sánchez. No hay que olvidar el capitalismo de amiguetes o los entramados clientelares organizados alrededor de la familia presidencial, el Gobierno y el partido. La corrupción no es solo económica, aunque sea la más llamativa. Por tanto, la democracia se pone en riesgo con este tipo de prácticas abusivas del poder.
Los escándalos de corrupción económica que afectan al PSOE confirman, también, el lumpen que rodeaba a Sánchez. En este caso, ni la izquierda política ni la mediática le exigen responsabilidades. Ni siquiera se plantean el dilema entre lo que decían en la época de Rajoy, por asuntos del pasado que no afectaban ni a su Gobierno ni a su partido, y lo que hacen y dicen ahora. La empresaria Carmen Pano ratificó ante el juez instructor que entregó dos bolsas con 90.000 euros en la sede del PSOE a instancias de Aldama. Las noticias que vamos conociendo sobre la ciénaga en que se había convertido el ministerio de Fomento con Ábalos, los trapicheos de Koldo y las prácticas de Cerdán confirman que los corruptos mandaban en el PSOE. Aldama se manejaba con enorme soltura en los bajos fondos del poder sanchista extendiendo sus tentáculos para comprar voluntades. Había prostitutas, alquileres de pisos y chalets, pagos en metálico, colocación de escorts en empresas públicas…. Y esto es lo que sabemos. El PP debería auditar el sector público empresarial para analizar el impresionante incremento de personal, porque me temo que ha sido agencia de colocación de militantes del partido, amigos y familiares. No creo que sea algo aislado. Una primera etapa sería una comisión en el Senado en la que se investigara cada una de las empresas y organismos públicos. Desde luego, sería positivo contratar expertos que las analizaran en profundidad y ver la relación de puestos de trabajo desde que Sánchez llegó al poder.
No hay que olvidar a los lobistas y los visitadores que podrían ofrecer mucha luz en cualquier comisión de investigación. Las tramas que existen alrededor de países autoritarios son muy interesantes. La corrupción sistémica que ha florecido durante esta etapa tiene muchas ramificaciones, porque cada uno de los receptores tenía intereses diferentes. Unos eran retribuidos con prostitutas y otras sinecuras para mantener una vida de permanente depravación mientras que otros querían asegurarse un futuro confortable gracias a estas prácticas delictivas. Con respecto a los corruptores, como Aldama, cabe esperar que sigan ofreciendo información sobre Ábalos, Cerdán, Koldo y otros personajes siniestros del sanchismo. Por lo visto, la lista es alta, pero es necesaria la delación para que la conozcamos en su integridad. Otros se conseguirán librar salvo que Aldama entregue más pruebas o la investigación judicial, con la inestimable ayuda de la UCO, saque a la luz más datos. Al principio, Sánchez, sus colaboradores y las terminales mediáticas del movimiento negaban o minimizaban lo sucedido. Ahora ya no existe ninguna duda. Los encarcelamientos de los implicados en la trama, los próximos juicios y las condenas confirman la corrupción política, económica y moral en el PSOE y en el Gobierno.










