El esperpento sanchista
Francisco Marhuenda.- Lo bueno de Sánchez es que siempre es capaz de superarse en sus aspectos negativos. Desde luego, no le importa la opinión pública y su idea de la resistencia se ha convertido en un esperpento.
Su estándar ético no existe desde el momento en que ensalza la gestión de un inútil como Óscar Puente. Tras una trágica catástrofe ferroviaria, unos servicios de cercanías que no funcionan y una red llena de incidencias desde hace muchos meses, ahora resulta que tiene «todo mi reconocimiento».
La desfachatez llega al extremo de que ha destacado la «eficacia y la admiración en Europa» del sistema ferroviario español. Es un nivel de degradación política que no tiene parangón en la UE. Se le llena la boca con ese optimismo inconsistente y esa búsqueda permanente del relato como si los españoles fuéramos un hatajo de tontos a los que puede manejar como hace con su partido.
La encuesta de NC Report que publicamos este lunes en La Razón muestra el abrumador rechazo que provoca tanto el ministro Puente como las políticas gubernamentales en esta materia.
El único que no se entera es Sánchez que vive en un decadente metaverso en el que todos le dan la razón. La decisión lógica hubiera sido fulminar a un ministro cuya principal ocupación ha sido pasear su estulticia y mala educación por las redes sociales.
Cuando Sánchez dice que «todos no responden de la misma manera ante las tragedias», hay que reconocer que refleja muy bien las actuaciones del Gobierno socialista comunista. No pone en el centro a las víctimas, sino que se mueve con el único objetivo de garantizar su supervivencia.
Puente es uno de los suyos. Un botarate pretencioso que será recordado, precisamente, por su desastrosa gestión como ministro y su ausencia de ética. Es un señorito de provincias sin posibles que necesita aferrarse al sueldo público y no quiere ser un picapleitos del montón que languidece en un despacho cutre en Valladolid.
Desde luego, nadie le contrataría por sus conocimientos jurídicos y lo tendría imposible como lobista si Sánchez prescinde de él. Es un personaje tóxico como lo es su líder para cualquier candidato autonómico o municipal. Es lógico que La Moncloa esté preocupada, porque las perspectivas electorales son desastrosas. La continuidad de Puente es el mejor regalo que le puede hacer al PP.











