El ‘facherío’ y otros insultos
Edurne Uriarte.- La izquierda gobernante ha tardado menos en insultar a la oposición que en comenzar a dar explicaciones sobre el terrible accidente de Adamuz. Gabriel Rufián, el fiel escudero de Sánchez, llamó «facherío» y «anormales profundos» a la oposición y exigió que «no politizara» apenas unas horas después del accidente, mientras que la prensa socialista los llamaba carroñeros, hienas y patrioteros. Con ese habitual, pero no menos llamativo desprecio del patriotismo y de la patria con lo de patriotero, aprovechando hasta un terrible accidente de tren.
Son los insultos preventivos de una izquierda que se cree con el derecho a exigir silencio frente a un accidente con 45 muertos y serios indicios que apuntan al mantenimiento de las vías. Lo del no politicéis, que ya politizamos nosotros, y que plantea una importante cuestión de ética democrática, la de cómo recuperar el respeto a la verdad junto a una exigencia de responsabilidades a los cargos políticos basada en la razón y en los hechos. Es lo que debería primar, claro está. Primero, los datos, las preguntas y una investigación rigurosa. Y después, la exigencia de responsabilidades, si hubiera que hacerlo, a quienes hayan sido señalados por los datos y la investigación.
Pero, para restablecer esa ética democrática, se requiere en primer lugar de una rectificación total de la izquierda española. Porque esa ética democrática es inviable sin un compromiso de todos los líderes políticos y sociales, desde los políticos hasta los medios de comunicación. Y lo que de momento existe en España es la seguridad de que la izquierda volverá a hacer lo que ha hecho hasta ahora con los accidentes, las catástrofes naturales o los atentados. No solo no han rectificado una sola línea de su nauseabundo uso político del atentado del 11-M, cuando culparon a Aznar del atentado y movilizaron en las calles a la sociedad contra el Gobierno, sino que siguen reivindicando aquella terrible politización que contribuyó a dar un vuelco electoral.
Y lo mismo han hecho con asuntos mucho menos graves en los que no hubo víctimas. Con el Prestige como ejemplo más revelador e increíble, el del accidente de un barco extranjero en el mar que fue convertido por toda la izquierda en responsabilidad del Gobierno de Rajoy. La manipulación fue tan extraordinaria, tan vomitiva, que hasta resulta difícil de creer, pero ocurrió, y nos da una idea de los parámetros éticos de quienes ahora piden que no se politice un accidente que ha causado 45 muertos y múltiples heridos.
Esos parámetros éticos son también los que simboliza un político como Rufián, convertido no solo en el más fiel socio de Pedro Sánchez, sino en referente de toda la izquierda, que aplaude y difunde con entusiasmo todas sus bravuconerías. Cuando critiqué sus insultos en la red X, muchos usuarios me contestaron aplaudiendo las palabras de Rufián. Y es que este político extremista, agresivo, pendenciero y populista, además de antiespañol y progolpista, entusiasma a la izquierda.
Este es el nivel ético y político de nuestro país, el que marca un tipo como Rufián. Es el de la izquierda que insulta, manipula y politiza, y, además, pretende silenciar a la oposición.











