Puente se apunta al resistiré sanchista
Francisco Marhuenda.- He de reconocer que no me sorprende. Con lo que le ha costado ser ministro, aunque su gestión sea de una mediocridad exasperante, no hay nada que le vaya a apartar de la firme determinación de seguir pegado a la poltrona.
La escuela de Sánchez pasa por no asumir nunca responsabilidades políticas, salvo que le interese al líder, como sucedió con Gallardo, y esperar a que pase el tiempo. Lo hemos visto en estos años en multitud de ocasiones consagrando un estilo político implacable, mentiroso y bravucón.
Por supuesto, cuando afecta a sus rivales, se piden inmediatamente dimisiones. A un sector del PP le cuesta recordar, pero debería tener muy presentes las campañas brutales que han sufrido los líderes del centro derecha desde Adolfo Suárez hasta nuestros días. Cualquier catástrofe o tragedia como pueda ser el Prestige, los atentados del 11-M o los de ETA, la Dana o la pandemia, son utilizadas y manipuladas para conseguir ventajas electorales.
Desde las primeras municipales, el PSOE ha roto los acuerdos cuando más le convenía, porque sus dirigentes tienen una visión patrimonial del poder. Sánchez llegó a La Moncloa enarbolando la bandera del feminismo y la lucha contra la corrupción, cuando algunos de los dirigentes de su partido se encuentran entre los más corruptos de la Historia de España. Y fue Ábalos quien defendió la moción de censura contra Rajoy. Al final, hemos descubierto que existía una corrupción sistémica, sórdidos negocios de prostíbulos y saunas gay, acoso sexual a militantes socialistas y prostitutas pagadas con dinero público.
La ética y la coherencia de la izquierda mediática se puede comprobar con el trato que ofrece al líder del PSOE. No hay duda de que ardería España si se tratara del PP. Puente es un sanchista ejemplar.
Es el prototipo de dirigente de escasas luces, un picapleitos del montón, un señorito de provincias pretencioso y, sobre todo, un populista desaforado y lenguaraz. Como es alguien carente de toda ética y moralidad, seguirá como ministro y nos dará numerosos momentos de gloria.
A veces pienso que Puente representa, realmente, lo que le gustaría hacer a Sánchez. No conozco a nadie, ni en el PSOE ni en el Consejo de ministros, que comparta ese estilo chabacano propio de una taberna de los barrios bajos de cualquier ciudad portuaria.











