La incompetencia de los gobernantes escogidos para puestos de máxima responsabilidad cuesta vidas
Jano García (R).- La política, incluso para aquel que la desprecia, no deja de ser aquello que configura nuestra vida. Todo ser humano que nace viene marcado por la política de su país. Esta es la que concluye si se nace en un país civilizado o no. El puro azar determina que uno nazca en un país desarrollado o tercermundista, pues no se tiene la opción de escoger. España -hasta hace unos años- formaba claramente parte de los países civilizados. Pero, ¿qué es la civilización?
La civilización es la convicción de la certeza, esto es, la certeza de saber que uno sale de su casa y llegará al trabajo porque por el camino nadie lo va a secuestrar. La certeza de saber que uno atraviesa un túnel y este no se derrumba. La certeza de que miles de coches pueden cruzar un puente a diario y resistirá. A fin de cuentas, la certeza es la civilización. Lo contrario, la incertidumbre, es el tercermundismo. Desde hace años la red ferroviaria española se hallaba en la absoluta incertidumbre de no saber si uno iba a llegar a tiempo a su destino o no. Los retrasos constantes, las averías y las incidencias marcaban el ritmo de una gestión pésima. Y lo hacía con múltiples avisos de maquinistas y técnicos que denunciaban una y otra vez numerosas ineficiencias.
No son pocas las tragedias que han asolado a la nación en los últimos años que nos venían advirtiendo de ello. Sí, España no es Bangladesh ni tampoco Somalia. Sería absurdo decir tal cosa, mas igual de absurdo es negar la «tercermundización» de la nación española en la era sanchista. Esta no llega de la noche a la mañana, sino que lo hace paulatinamente. El primer aviso lo sufrimos con la pésima gestión del COVID. Llegó la riada de Valencia, el apagón y ahora las víctimas de, técnicamente hablando, del primer accidente de un tren de alta velocidad en España. Estos han sido los últimos terribles acontecimientos en los que hemos padecido lo que es vivir en un país incompetente y degradado.
Y es que la incompetencia de los gobernantes escogidos para puestos de máxima responsabilidad cuesta vidas. Recordar que todo se debe a una mala política es, sin duda, la mejor manera de honrar la memoria de los que han muerto.
DEP.
El Debate











