El Gobierno descarrila: el PP ante la obligación de noquear políticamente al Ejecutivo y dejarse de medias tintas
Los accidentes ferroviarios de las últimas semanas no son simples fallos técnicos ni episodios aislados. Son el síntoma más visible de un país mal gestionado, de un Gobierno que ha convertido las infraestructuras críticas en un decorado propagandístico mientras abandona lo esencial: la seguridad, el mantenimiento y la responsabilidad política.
España no sufre una racha de mala suerte. Sufre las consecuencias de años de dejadez, de nombramientos ideológicos, de inversiones anunciadas a bombo y platillo que nunca llegan al terreno real de las vías, los sistemas de señalización y el personal técnico. Cada tren detenido, cada colisión, cada descarrilamiento es una factura directa a la incompetencia del Ejecutivo.
El Gobierno ha reaccionado como siempre: minimizando, culpando a factores externos y refugiándose en el ruido mediático. Ni una sola asunción clara de responsabilidades. Ni una dimisión. Ni una explicación convincente. Solo excusas, ruedas de prensa vacías y la obscena costumbre de tratar a los ciudadanos como si fueran incapaces de ver la realidad.
En este contexto, el Partido Popular no solo tiene una oportunidad política: tiene una obligación democrática. No se trata de aprovechar el dolor ajeno, sino de impedir que la negligencia se normalice. Cuando fallan los trenes, falla el Estado. Y cuando el Estado falla de forma reiterada, la oposición debe actuar con contundencia.
El PP debe noquear políticamente al Gobierno con datos, con rigor y con firmeza. Exigir auditorías independientes, comparecencias inmediatas, responsabilidades penales si las hubiera y, sobre todo, un cambio radical en la gestión de las infraestructuras. Basta ya de propaganda. Basta ya de ministros que hablan de “incidentes” cuando los ciudadanos temen subirse a un tren.
La seguridad ferroviaria no entiende de ideologías. Pero la incompetencia sí tiene nombres y apellidos. Y si este Gobierno no es capaz de garantizar algo tan básico como que los trenes lleguen a su destino sin poner en riesgo vidas humanas, entonces ha perdido cualquier legitimidad moral para seguir al frente del país.
España no puede permitirse seguir viajando en un tren sin maquinista. Y alguien tiene que accionar el freno de emergencia.











