El desastre ferroviario de Córdoba y la irresponsabilidad política del ministro Óscar Puente, responsable de la tragedia
El trágico accidente ferroviario ocurrido el 18 de enero de 2026 en Adamuz (Córdoba) —donde dos trenes de alta velocidad descarrilaron y colisionaron causando al menos 21 muertos y heridos graves— vuelve a poner de manifiesto no solo una falla técnica sin precedentes, sino también la incompetencia, falta de liderazgo y escasa responsabilidad política del ministro de Transportes, Óscar Puente.
Desde el primer momento, Puente optó por respuestas genéricas y cómodas desde su despacho o sus redes sociales, repitiendo que “el impacto ha sido terrible” y que “la cifra de víctimas no se puede confirmar en este momento”, sin aportar un plan real de acción ni asumir ninguna responsabilidad por el estado de la red ferroviaria española.
Un ministro ausente ante un problema estructural
Este accidente no surge de la nada. Ya desde meses atrás, la gestión ferroviaria bajo su mandato había sido duramente criticada: caos continuado en la red AVE, fallos sistemáticos, interrupciones prolongadas del servicio y silencio político cuando se exigía responsabilidad.
En lugar de reconocer que décadas de infrafinanciación y mantenimiento negligente han convertido lo que debería ser un sistema moderno en un peligro, Puente ha tendido a minimizar los problemas o a echar balones fuera. Esta actitud no solo es inaceptable, sino directamente insultante para las víctimas, sus familias y para todos los ciudadanos que utilizan el tren cada día.
La gestión política como parte del problema
No se trata solo de un accidente técnico; se trata de un patrón de gestión política deficiente. Un ministro de Transportes no puede limitarse a describir tragedias en Twitter mientras no da explicaciones claras ni soluciones concretas a la ciudadanía. Cada vez que la red ferroviaria falla —y los fallos han sido frecuentes durante su mandato— hemos visto una reacción lenta y desarticulada, acompañada de excusas antes que de soluciones.
Además, la percepción de que Puente prioriza la comunicación y la confrontación en redes sociales sobre la gestión técnica y la planificación real del sistema ferroviario ha erosionado la confianza pública. La gente no quiere mensajes genéricos, quiere respuestas, inversiones claras, auditorías independientes y medidas urgentes para asegurar que tragedias como la de Córdoba no vuelvan a repetirse.
¿Responsabilidad o evasión?
La magnitud del accidente de Adamuz exige no solo condolencias, sino responsabilidad política. No es exagerado afirmar que la gestión de Puente, hasta ahora, ha sido insuficiente para garantizar la seguridad de una red que es vital para la movilidad del país. Exigir una refundación del sistema ferroviario y una investigación independiente no es un capricho ideológico: es una exigencia democrática ante la pérdida de vidas humanas y el dolor de miles de familias.
Hasta que no se asuman responsabilidades reales, hasta que no se presenten soluciones con plazos y recursos concretos, seguir hablando de accidentes ferroviarios será hablar de otra tragedia anunciada











