La crisis de la legislatura y el funeral de Sumar
Francisco Marhuenda.- Los días pasan y el papel de Sumar en el Gobierno de coalición es cada vez más irrelevante. Ha sido una agencia de colocación de ministros y altos cargos con funciones marginales. No pasan de ser unos figurantes al servicio del sanchismo. En alguna ocasión, hacen declaraciones para que se sepa que existen e, incluso, muestran alguna critica al PSOE de cara a la galería. A Yolanda Díaz y sus adláteres no les importa ni la corrupción ni los escándalos de acoso sexual. No es algo aislado, porque este tipo de políticos y políticas lo que más les preocupa es perder el cargo, ya que su horizonte profesional es más bien pobre. Por supuesto, hay excepciones como Urtasun, que es diplomático y fue el número dos de su promoción, aunque en ocasiones defiende cosas que solo pueden ser consecuencia de su visión comunista. A estas alturas de la Historia, es incluso triste que alguien pueda ser comunista, aunque he conocido alguno, como Antonio Gutiérrez Díaz, que merecía mi respeto y admiración.
El problema del comunismo es, siempre, cuando llega al poder y aplica su visión totalitaria que le conduce a los mayores horrores. No existe ni un solo país gobernado por un comunista donde se hayan respetado las libertades públicas y los derechos humanos. Los comunistas que no se someten a la dictadura son asesinados o condenados a la reeducación. El comunismo ha ido evolucionando, aunque nunca en positivo, desde que triunfó en 1917 y se creó la Unión Soviética. Los males del siglo XX y de lo que llevamos del XXI provienen, precisamente, de los radicalismos de cualquier signo. En Iberoamérica ha evolucionado al populismo de izquierda radical que gobierna en Cuba y Nicaragua; en Rusia tenemos a Putin y en China a Xi Jinping. La lista es bastante larga. El déspota y criminal Nicolás Maduro era también una muestra de esa basura ideológica. No importa los subterfugios que utilicen. Unos se visten con chándal y son unos garrulos mientras que otros lo hacen con trajes elegantes y han tenido una buena formación, pero coinciden en que su objetivo es siempre el totalitarismo y la represión de las libertades. Son la escoria de la Historia.
El mayor problema de España es que la izquierda está dominada por el radicalismo. En lugar de preocuparse por gobernar para todos los españoles solo piensan en asaltar el poder, difundir sus mentiras y potenciar ese capitalismo de amiguetes que caracteriza el entorno del Gobierno socialista comunista. Desde la Transición hasta la llegada del Frente Popular de Sánchez, que ha abandonado la socialdemocracia para abrazar el populismo iberoamericano en su versión europea, nuestro país logró un desarrollo institucional, económico y social impresionante. No se hizo desde el extremismo, sino desde la centralidad. En cambio, ahora somos una anomalía dentro de los países democráticos. No hay un caso similar donde los comunistas estén en un gobierno de coalición y los aliados sean independentistas y los antiguos dirigentes del aparato político y militar de un grupo terrorista. El problema no está en estas formaciones, que son coherentes en su objetivo de destruir el orden constitucional y la unidad de España, sino en el líder del PSOE que antepone sus intereses personales a la defensa de la nación que prometió servir.
En este escenario, Sumar no tiene otro papel que ofrecer sus votos para que concluya la legislatura. En el terreno electoral cosecha fracaso tras fracaso, llegando al extremo de no presentarse en algunas comunidades. Es una pintoresca amalgama de formaciones bajo el liderazgo de Yolanda Díaz que es irrelevante, incluso, en su tierra. En cambio, el centro derecha avanza con fuerza y la gran mayoría de votantes no se toma en serio esa chorrada del miedo a la ultraderecha que difunde el NO-DO cutre del sanchismo y los medios de comunicación afectos al régimen. La economía va bien gracias a los empresarios y los trabajadores, así como al déficit público y un endeudamiento que cada año se incrementa en 70.000 millones. Desde luego, cualquier economista de medio pelo, como los que encabeza la vicepresidenta Montero, sería capaz de gestionar una economía actuando con tan poco rigor y criterio. La política exterior es otra de las chapuzas gubernamentales, porque nos sitúa, una vez más, en la más absoluta irrelevancia. Nadie nos toma en serio y las apelaciones de Sánchez para ser mediador en la crisis de Venezuela provocan hilaridad. Es como nombrar árbitro en un proceso judicial al abogado de una de las partes.
Las esperanzas del sanchismo residen en ganar tiempo, seguir con el Frente Popular, nacionalizar a centenares de miles de inmigrantes y beneficiarios de la ley de la memoria, aumentar las paguitas y en más de cien mil millones la deuda pública. A pesar de ello, las encuestas y los resultados de las autonómicas seguirán siendo desfavorables. El más lúcido en el Frankenstein de Sumar es Antonio Maíllo, el coordinador general de IU, que es un tipo serio, aunque no coincida ideológicamente. La única solución que tiene es acabar con el liderazgo irreal de Yolanda Díaz y dejar de ser la muleta del sanchismo. Lo mejor para el centro derecha es que no hagan nada y sigan instalados en ese mundo de pijoprogres con coches y despachos oficiales. Es lógico, también, que Podemos crezca a su costa, porque ha marcado distancias con la corrupción socialista y levanta banderas con los temas que realmente preocupan a los votantes de la izquierda radical. Nada permite indicar que la erosión que afecta al Gobierno se pueda revertir en los próximos meses. Por ello, alargar la agonía no tiene otro efecto que favorecer una victoria más contundente del centro derecha. Y Maíllo será otro líder de IU que habrá fracasado en el intento de crear un proyecto sólido y electoralmente eficaz. Es una lástima que sus conocimientos de Roma y Grecia no le hayan servido de nada.












