La imprudencia temeraria de Arbeloa en el Belmonte
Con cara de haber visto a Freddy Krueger pero en una pesadilla real. Álvaro Arbeloa debutó pisando una cáscara de plátano en el Belmonte que le convierte en el tercer técnico en la historia del club que se estrena perdiendo un título. Le pasó a Guus Hiddink, que en su primer partido perdió la Supercopa de Europa en 1998 contra el Chelsea. El otro, Julen Lopetegui, al caer con el mismo título continental en disputa, en 2018, contra el Atlético…
La cuota de responsabilidad del nuevo técnico, al que le sobrevuela quiera o no aroma a interinidad, tampoco puede ser cero. A Arbeloa con un único entrenamiento no le dio ni para sacar sus drones de la caja, ni los gadgets de vanguardia con los que farda por Valdebebas. Pero sí tomó decisiones. Como una convocatoria en la que se dejó pesos pesadísimos en Madrid sin que hubiera lesión de por medio…
Una imprudencia temeraria
Poco gesticulante, hiératico, mientras los minutos (y los goles locales) ahogaban a su equipo, cuando intervino en los cambios Arbeloa apenas alteró el paisaje. Y fue llamativo el meter al señalado Camavinga como tres por un Fran García que acababa de evitar un gol. Era uno de los que no se dejó en Madrid (como sí hizo con Bellingham, Rodrygo, Mbappé…) y al Belmonte sí viajó otro que sonó a castigo: Ceballos. Ni calentó y en su posición jugaron los castillistas Cestero… y luego Manuel Ángel.
En el banquillo sí incluyó a Carvajal para ponerlo un rato y darle rodaje pero no había Plan B ofensivo, por si acaso el Albacete salía (como salió) respondón. Desde el caudal que viene generando Rodrygo (gol en el derbi de semifinales de Yeda y cuatro asistencias en las dos últimas jornadas de Liga) al teórico poder que debería, de nuevo teóricamente, aportar Bellingham. Entre otros. “No me arrepiento, fue la convocatoria correcta, la haría una y mil veces”, se justificó el técnico tras sufrir el Albacetazo.
Tampoco terminó de ser exitosa su primera decisión sobre el acompañamiento castillista. No acertó en la elección de un cachorro clave, al entregarle a Cestero (19 años) la manija del equipo desde el inicio. Aunque el último lógicamente en la lista de responsabilidades, no pudo convertirse en ese mediocentro creativo que necesita el Madrid como nutriente vital y para colmo un error grave del muchacho regaló una ocasión clarísima cuya continuación fue el córner del 2-1. Ni La Fábrica, tantas veces al rescate, pudo mejorar lo presente.












