Florentino Pérez: el poder por encima del Real Madrid
Bertín Castañón.- Florentino Pérez no es solo el presidente del Real Madrid. Es el símbolo de una forma de entender el fútbol donde el poder económico, la influencia política y el control institucional pesan más que el propio deporte. Bajo su mandato, el club más grande del mundo ha ganado títulos, sí, pero también ha contribuido decisivamente a erosionar valores esenciales del fútbol moderno.
Su gestión se ha basado en una premisa clara: el fin justifica los medios. Desde la creación de la Superliga Europea —un proyecto concebido a espaldas de aficionados, jugadores y federaciones— hasta su permanente enfrentamiento con LaLiga y la UEFA, Florentino ha actuado como si el fútbol fuese un consejo de administración y no un fenómeno social y cultural.
La Superliga no fue un error de cálculo; fue una declaración de intenciones. Un intento de blindar económicamente a una élite de clubes, condenando al resto a la irrelevancia. Pérez habló de “salvar el fútbol”, pero lo que realmente pretendía era salvar el negocio de unos pocos, aunque eso significara dinamitar la meritocracia deportiva que ha hecho grande a este deporte durante más de un siglo.
En el ámbito interno, su modelo de club ha reducido el debate democrático a la mínima expresión. El Real Madrid, formalmente propiedad de sus socios, funciona en la práctica como una estructura presidencialista, donde la disidencia es incómoda y el pensamiento crítico, marginal. Las asambleas son previsibles, la oposición inexistente y la transparencia, discutible.
Deportivamente, su legado tampoco está exento de sombras. La obsesión por la imagen, el marketing y loss grandes relatos ha llevado a decisiones erráticas: proyectos galácticos sin equilibrio, entrenadores quemados, y una planificación que muchas veces ha confiado más en la épica que en el trabajo estructural. Cuando los éxitos llegan, se atribuyen al liderazgo; cuando fracasan, la responsabilidad se diluye.
Florentino Pérez ha sido un presidente poderoso, influyente y temido. Pero el fútbol no necesita emperadores, sino gestores que entiendan que los clubes no son corporaciones cualquiera, sino instituciones con alma, historia y responsabilidad social. Su legado, más allá de los trofeos, deja una pregunta incómoda:
¿Ha hecho Florentino Pérez mejor al fútbol… o simplemente más rentable para quienes ya lo controlaban?











