Estados Unidos tiene el deber estratégico de intervenir militarmente en Groenlandia
La historia demuestra que los vacíos de poder nunca permanecen vacíos por mucho tiempo. En el Ártico, ese principio se manifiesta con claridad alarmante. Groenlandia, una vasta extensión territorial situada en el corazón de las nuevas rutas y disputas del siglo XXI, no es solo una isla remota: es un punto de apoyo fundamental para el liderazgo global de Estados Unidos. Ignorar esta realidad no es neutralidad; es negligencia estratégica.
Estados Unidos no puede permitirse una postura pasiva en Groenlandia. La política internacional no se rige por buenas intenciones, sino por el equilibrio de poder. Mientras Washington duda, Rusia militariza el Ártico y China avanza silenciosamente mediante inversiones, investigación científica y acuerdos económicos que, en la práctica, funcionan como herramientas de expansión geopolítica. Frente a este escenario, la intervención militar estadounidense no es un acto de agresión, sino una respuesta lógica y necesaria para preservar el orden internacional.
El Ártico es el nuevo tablero donde se juega la seguridad del hemisferio norte. Groenlandia conecta América del Norte con Europa y se erige como un bastión natural para la defensa antimisiles, la vigilancia aeroespacial y el control de rutas estratégicas. Permitir que potencias rivales consoliden su influencia en esta región equivale a aceptar una erosión directa de la seguridad estadounidense y de sus aliados.
Desde una perspectiva ideológica, Estados Unidos tiene no solo el derecho, sino la responsabilidad de actuar. La hegemonía estadounidense —criticada por algunos— ha sido, durante décadas, un factor de estabilidad relativa frente a regímenes autoritarios que no comparten valores democráticos ni respeto por un orden internacional basado en reglas. Una mayor intervención militar en Groenlandia enviaría un mensaje inequívoco: el liderazgo occidental no está en retirada.
Quienes se oponen a esta postura suelen apelar a un idealismo ingenuo, confiando en que la diplomacia por sí sola contendrá las ambiciones estratégicas de Moscú y Pekín. Sin embargo, la historia reciente demuestra que la disuasión efectiva solo existe cuando está respaldada por poder real. La presencia militar estadounidense en Groenlandia no busca provocar un conflicto, sino prevenirlo, dejando claro que ciertas líneas no pueden cruzarse sin consecuencias.
Además, la intervención no implica colonización ni despojo, sino cooperación estratégica. Estados Unidos ya opera en Groenlandia con el consentimiento de Dinamarca y dentro del marco de la OTAN. Ampliar esa presencia es una evolución natural ante un entorno internacional más hostil y competitivo.
En última instancia, la cuestión no es si Estados Unidos debería intervenir militarmente en Groenlandia, sino qué ocurrirá si decide no hacerlo. En un mundo cada vez más definido por la rivalidad entre grandes potencias, la inacción es una forma de rendición anticipada. Groenlandia no es un capricho geopolítico: es una pieza clave en la defensa del liderazgo estadounidense y del equilibrio global.












Si hablamos de la ley del mas fuerte, no es discutible: USA tiene derecho a anexionarse Groenlandia. Es evidente que Europa no tiene esa fuerza militar.
Pero si hablamos de otras cosas, Europa tiene mucho mas derecho. Y ustedes son europeos, ¿no es así?¿Qué beneficio obtiene ningún europeo apoyando a USA en este caso?
Los EE.UU. y sus “financiadores” están convirtiendo Europa en un erial, social, financiera e industrialmente…Así que muy amigos nuestros no son, por mucho que se diga o se desee. No hemos sabido ser fuertes y vamos por muy mal camino porque, en efecto, en vez de una Europa soberana, sólo tenemos topos en Bruselas que conspiran para que sólo seamos una comparsa, un rebaño de ovejas que obedecen ciegamente intereses sionistas…